Diario Nacional de Honduras

Caravanas migrantes entre la necesidad, negligencia y el cálculo político

Caravanas migrantes, las organizaciones que las financian, el impacto político que generan en la región y para el mundo.

Daniel Oquelí
Daniel Oquelí
22 de septiembre, 2026
5 min de lectura
Caravanas migrantes entre la necesidad, negligencia y el cálculo político

Caravanas migrantes, las organizaciones que las financian, el impacto político que generan en la región y para el mundo.

Foto: Cortesía

Otra vez aparecen las caravanas migrantes. Otra vez las imágenes de hombres, mujeres y niños caminando hacia el norte con una esperanza que, para muchos, se convierte en una apuesta desesperada. Y otra vez debemos hacernos las preguntas que incomodan.

¿Quién organiza estas caravanas? ¿Quién financia el transporte? ¿Quién paga la logística? ¿Quién moviliza a estas personas? Y, sobre todo, ¿hay detrás de estas movilizaciones intereses políticos que están utilizando la desesperación de los hondureños como combustible electoral?

No se trata de criminalizar al migrante. Tampoco de burlarse de quien abandona Honduras porque no encuentra empleo, seguridad o condiciones dignas para salir adelante. Sería demasiado fácil señalar al que camina y olvidarnos de las circunstancias que lo obligaron a tomar una decisión tan peligrosa.

Pero tampoco podemos convertir la desesperación en una excusa para ignorar la razón.

La nueva caravana que salió de San Pedro Sula vuelve a poner sobre la mesa una realidad, mientras cientos de hondureños emprenden el camino hacia Estados Unidos, las condiciones migratorias en ese país son cada vez más restrictivas. Los controles y las detenciones se han intensificado, y los datos de 2026 muestran un aumento considerable de hondureños retornados. Solo entre enero y junio, Honduras recibió 23,952 personas deportadas, un 40 % más que en el mismo período de 2025.

Entonces la pregunta es inevitable ¿Quién le está diciendo a esta gente toda la verdad?

Porque una cosa es tener necesidad y otra muy distinta es alimentar un sueño sin explicar sus consecuencias.

Si existen organizaciones, dirigentes, movimientos políticos o personas que están financiando caravanas, tienen una obligación elemental explicar públicamente de dónde salen los recursos y cuál es el propósito de esa movilización.

No basta con aparecer en fotografías o repartir alimentos, pagar transporte o acompañar a una multitud y después utilizar esas imágenes para construir un discurso político, que ni su propia familia lo creen.

La migración no puede convertirse en una cortina o quedarse en nota del día donde nadie pregunta quién pone el dinero.

Porque cuando la necesidad de una familia se transforma en una herramienta para obtener beneficios políticos, ya no estamos hablando únicamente de migración, estamos hablando de dignidad humana utilizada como instrumento.

Responsabilidad individual

Y aquí debemos decir algo que quizá no sea popular. El migrante merece respeto, pero también tiene responsabilidad sobre las decisiones que toma.

La pobreza, la falta de empleo explica muchas decisiones. La inseguridad explica muchas decisiones. Pero ninguna de esas circunstancias elimina la obligación de informarse y buscar un trayecto sin sentido hasta perder su vida. Lo que hoy vemos se nos hace familiar.

Las personas saben que cruzar irregularmente hacia Estados Unidos implica riesgos enormes. Saben que pueden ser detenidas. Saben que pueden ser deportadas. Saben que pueden perder el dinero invertido en el viaje y regresar a Honduras con más deudas y menos oportunidades.

¿Por qué seguimos caminando hacia una puerta que sabemos que está cada vez más cerrada?

La respuesta no puede ser únicamente "No hay trabajo".

Porque si esa fuera la única respuesta, entonces habríamos renunciado a una de las herramientas más importantes que tiene una persona la capacidad de evaluar el riesgo antes de tomar una decisión que puede cambiarle la vida.

No juguemos con la desesperación de la gente, aquí hay responsabilidades compartidas, responsabilidad de los políticos que, en lugar de ofrecer soluciones reales, podrían encontrar en la migración una oportunidad para reivindicar las malas acciones del pasado.

Responsabilidad de quienes eventualmente financien movilizaciones sin explicar quién está detrás, aunque esto es un secreto a voces, responsabilidad de las instituciones que deben informar con claridad sobre los riesgos reales de la ruta y también responsabilidad de quienes, aun conociendo las condiciones actuales, deciden emprender el camino sin contar con información suficiente.

Pero hay una responsabilidad mayor la de quienes tienen poder para cambiar las condiciones que están expulsando a los hondureños del país, porque una caravana no nace de la nada, nace de una familia que no encuentra trabajo, de un joven que siente que no tiene futuro, de una madre que no puede pagar las necesidades de sus hijos, de comunidades golpeadas por la pobreza, la sequía y la falta de oportunidades.

La pregunta también debe ser ¿Qué estamos haciendo para que quieran quedarse?

La política no puede financiar desesperanzas, si un partido político quiere ayudar a los hondureños, tiene cientos de maneras de hacerlo, puede impulsar empleo, puede capacitar, puede promover emprendimientos, puede exigir mejores servicios públicos, puede trabajar para que una familia pueda vivir dignamente de su salario.

Lo que no debería hacer es convertir la desesperación de miles de personas en una plataforma de propaganda que busca afectar un gobierno para vanagloriar la oposición.

En estos temas es importante que el gobierno priorice investigar y esto no debe molestar a nadie, es parte de transparentar un acto que de manera indirecta se convierte en una tragedia humana y merecen saber la verdad y de que verdad hablamos, del peligro en el camino, la mínima posibilidad de ingresar a Estados Unidos, las deportaciones masivas y las malas intenciones de quienes patrocinan este camino.

Las caravanas volverán mientras existan desesperanza y falta de oportunidades. Pero lo verdaderamente preocupante sería que, además de la necesidad, alguien esté alimentando deliberadamente esa desesperanza para obtener un beneficio político. Eso no sería solidaridad, sería jugar con la vida de la gente y con la vida de los hondureños no se debería hacer política.

Compartir este artículo

Daniel Oquelí

Daniel Oquelí

Columnista

Periodista de profesión, con experiencia en televisión, producción de contenidos informativos y televisivos.