¿Cómo puede un hondureño deportado de EE.UU. terminar en África?
Brayan Sánchez fue expulsado por Estados Unidos, pero no regresó a Honduras. Terminó en la República Centroafricana, a miles de kilómetros de su familia.

Brayan Sánchez fue expulsado por Estados Unidos, pero no regresó a Honduras. Terminó en la República Centroafricana, a miles de kilómetros de su familia.
Ser deportado de Estados Unidos suele significar, para un hondureño, regresar a Honduras.
Pero no siempre.
Brayan Omar Sánchez Servellón tiene 31 años, es hondureño y vivía en Florida. Cuando las autoridades estadounidenses decidieron expulsarlo del país, no fue enviado a Tegucigalpa ni a San Pedro Sula.
Terminó en Bangui, capital de la República Centroafricana, un país con el que no tenía vínculos conocidos y situado a miles de kilómetros de su familia.
Su historia, que ha sido recogida por medios hondureños e internacionales, plantea una pregunta que va mucho más allá de su caso:
¿Cómo puede Estados Unidos deportar a un hondureño a África en lugar de devolverlo a Honduras?
La respuesta está en una de las herramientas más controvertidas de la política migratoria estadounidense: las deportaciones a terceros países.
De Florida a Bangui
Según relató Sánchez al diario español El País, fue detenido por autoridades migratorias estadounidenses el 13 de mayo y posteriormente pasó por distintos centros de detención.
El 31 de julio comenzó un viaje que terminaría llevándolo a África.
Sánchez contó que fue trasladado esposado de pies y manos en un avión junto con migrantes de distintas nacionalidades. La aeronave realizó escalas antes de llegar a la República Centroafricana.
El hondureño asegura que no aceptó voluntariamente ser enviado allí.
Hoy permanece en Bangui junto con otros extranjeros deportados desde Estados Unidos y afirma vivir en medio de una enorme incertidumbre sobre lo que ocurrirá con él.
¿Qué es una deportación a un tercer país?
Aquí está la clave para entender su historia.
Una deportación no necesariamente obliga a Estados Unidos a enviar al extranjero exclusivamente al país cuya nacionalidad posee.
Bajo determinadas circunstancias, Washington puede buscar que otro país acepte recibirlo.
Ese destino es denominado un “tercer país”.
La administración Trump ha ampliado el uso de estos traslados como parte de su estrategia para acelerar las deportaciones, particularmente cuando existen obstáculos para enviar a una persona a su nación de origen.
Países africanos se han convertido en parte de esa estrategia. La República Centroafricana, Esuatini y Sudán del Sur han figurado entre los destinos utilizados para recibir personas expulsadas por Estados Unidos que no son necesariamente ciudadanos de esos países.
Organizaciones de derechos humanos han cuestionado la práctica por las garantías de debido proceso y por el riesgo de enviar migrantes a lugares donde podrían enfrentar condiciones peligrosas.
Lee aquí su impactante testimonio en El País
Pero ¿por qué no lo mandaron a Honduras?
Esta es probablemente la parte más importante de la historia de Brayan Sánchez.
El hondureño sostiene que teme regresar a Honduras porque su vida estaría en peligro.
Según ha declarado, varios miembros de su familia fueron asesinados y esa situación está relacionada con la protección que buscó en Estados Unidos. Medios hondureños han recogido su afirmación de que no cuenta con protección frente a una devolución a Honduras.
Esto ayuda a explicar una aparente contradicción.
Estados Unidos podía intentar expulsarlo de su territorio, pero enviarlo directamente a Honduras planteaba otro problema debido a la protección que Sánchez asegura no tener.
La alternativa fue un tercer país.
Y ese país terminó siendo la República Centroafricana.

EE.UU. lo envió a un país al que recomienda no viajar
Aquí aparece otra de las paradojas del caso.
El propio Departamento de Estado estadounidense mantiene para la República Centroafricana una advertencia de viaje Nivel 4: “No viajar”, la categoría más alta de su sistema.
Entre los riesgos mencionados figuran delincuencia, secuestros, disturbios, terrorismo y una capacidad muy limitada de Estados Unidos para prestar asistencia de emergencia a sus ciudadanos.
En otras palabras, Estados Unidos está enviando algunos deportados a un país al que recomienda a sus propios ciudadanos no viajar.
“Amor, estoy libre, pero me mandaron a África”
La política migratoria de Estados Unidos adquiere otra dimensión cuando se observa desde la familia que quedó atrás.
La esposa de Sánchez, Caren Cáceres, permanece en Florida.
Brayan relató que, una vez en Bangui, logró conseguir un teléfono y la llamó. Era la primera vez que podía explicarle directamente dónde había terminado.
Según contó al diario español El País, la noticia dejó devastada a su esposa.
Caren comenzó entonces una campaña para intentar conseguir ayuda.
La esposa busca ayuda en el Congreso
El 12 de agosto, Cáceres acudió a la oficina de la congresista republicana de Florida María Elvira Salazar, donde entregó una carta escrita por Brayan solicitando intervención en su caso.
Sánchez participó desde Bangui mediante una llamada.
Su esposa ha calificado la situación como una pesadilla y cuestiona que su marido haya sido enviado a un país africano sin tener relación alguna con ese territorio.
Los deportados han asegurado que inicialmente se les habló de una permanencia de aproximadamente 90 días, pero sostienen que desconocen qué sucederá después.
Esa incertidumbre es uno de los aspectos más delicados del caso:
Brayan sabe de dónde fue expulsado, pero todavía no sabe cuál será finalmente su destino.

Honduras ya intervino
El gobierno hondureño ha informado que está siguiendo el caso.
La Cancillería señaló que activó canales diplomáticos y consulares para conocer la situación de Sánchez y brindarle acompañamiento para proteger sus derechos e intereses.
El gobierno hondureño también ha expresado disposición para ayudar en las gestiones relacionadas con un eventual retorno voluntario.
Pero esa posibilidad vuelve a colocar sobre la mesa el problema original: Sánchez afirma que regresar a Honduras pondría en riesgo su vida.
El Comisionado Nacional de los Derechos Humanos de Honduras (Conadeh) también ha pedido acciones diplomáticas para garantizar la protección del hondureño.
¿Puede ocurrirle a otro hondureño?
Sí, jurídicamente puede ocurrir en determinadas circunstancias.
Eso no significa que Estados Unidos esté enviando masivamente hondureños a África.
La gran mayoría de los ciudadanos hondureños deportados continúa siendo repatriada directamente a Honduras.
Las deportaciones a terceros países afectan situaciones particulares y han sido objeto de fuertes disputas legales en Estados Unidos.
Pero el caso de Sánchez demuestra que la nacionalidad del deportado no determina necesariamente el destino final del avión.
Para los migrantes que tienen una orden de expulsión pero que, por razones legales, no pueden ser enviados a determinados países, la administración Trump ha buscado ampliar las alternativas.
África es ahora una de ellas.
Una nueva realidad de la política migratoria de Trump
El caso de Brayan Sánchez permite entender algo que podría pasar inadvertido detrás de las cifras de deportaciones.
La política migratoria estadounidense ya no consiste únicamente en determinar quién debe abandonar Estados Unidos.
También existe una batalla sobre a dónde puede ser enviado.
Y allí comienzan algunas de las preguntas más difíciles.
¿Puede enviarse a una persona a un país donde nunca ha vivido?
¿Qué garantías debe recibir antes de ser trasladada?
¿Qué ocurre cuando ese país presenta graves problemas de seguridad?
¿Quién se responsabiliza por ella después de que llega?
Y, sobre todo, ¿qué ocurre si tampoco puede regresar a su nación de origen?
Brayan Sánchez vive actualmente dentro de esas preguntas.
Su esposa permanece en Florida buscando ayuda. Honduras realiza gestiones diplomáticas. Y él continúa en Bangui, en un país que probablemente nunca imaginó conocer.
Fue deportado de Estados Unidos.
Pero no regresó a Honduras.
Terminó en África.





