De canal del Gobierno a televisión de los hondureños: el desafío de TNH como medio público
Conoce cómo TNH busca consolidarse como medio público, al pasar de ser el “canal del Gobierno” a un servicio para los ciudadanos.

Conoce cómo TNH busca consolidarse como medio público, al pasar de ser el “canal del Gobierno” a un servicio para los ciudadanos.
Durante años, hablar de Canal 8 significó para muchos hondureños hablar del “canal del Gobierno”. Pero al cumplir 18 años y bajo su identidad de Televisión Nacional de Honduras (TNH), la televisora estatal enfrenta un desafío que va mucho más allá de renovar su programación, modernizar sus estudios o llegar a nuevas plataformas: consolidarse como un medio público que pertenece al Estado, pero cuya razón de ser es servir a los ciudadanos.
La diferencia puede parecer semántica. No lo es.
Un medio gubernamental tiene como principal propósito comunicar las acciones, decisiones y posiciones del gobierno que se encuentra en el poder.
Un medio público tiene una misión mucho más amplia: informar, educar, explicar, entretener, representar la diversidad de una sociedad y proporcionar contenidos de interés público incluso cuando estos no están relacionados con la actividad gubernamental.
Y aunque pueda ser financiado con recursos del Estado, su destinatario final no debería ser el gobierno. Es el ciudadano.
¿Qué es realmente un medio público?
No existe un único modelo mundial.
Hay medios públicos financiados mediante impuestos generales, contribuciones específicas, presupuestos estatales, publicidad o combinaciones de diferentes mecanismos.
También existen estructuras jurídicas y formas de gobierno institucional muy distintas.
Pero los modelos internacionales comparten principios básicos.
La UNESCO considera que los medios públicos sólidos, independientes e inclusivos contribuyen al acceso a información confiable, al pluralismo, a la diversidad cultural y al debate democrático.
La Unión Europea de Radiodifusión (EBU), que agrupa a más de un centenar de organizaciones de medios públicos, resume su misión alrededor de seis valores: universalidad, independencia, excelencia, diversidad, rendición de cuentas e innovación.
Universalidad significa intentar llegar a todos.
Diversidad implica representar las diferentes voces, regiones, generaciones y realidades de una sociedad.
Independencia supone desarrollar el trabajo periodístico sin convertirlo en instrumento de intereses políticos, gubernamentales o comerciales.
Rendición de cuentas significa reconocer que, precisamente porque utiliza recursos públicos, el medio tiene una responsabilidad particular frente a los ciudadanos.
Innovación obliga a evolucionar junto con las audiencias.
Y excelencia supone aplicar estándares profesionales a sus contenidos.
En conjunto, esos principios establecen una diferencia fundamental: un medio público no existe para contarle al ciudadano lo que el gobierno quiere decir. Existe para contarle al ciudadano lo que necesita saber.

Entonces, ¿un medio público no debe informar sobre el Gobierno?
Sí debe hacerlo. Y ampliamente.
El Gobierno administra recursos públicos, construye infraestructura, maneja hospitales y escuelas, ejecuta presupuestos, adopta políticas económicas, negocia con otros países y toma decisiones que afectan diariamente a millones de personas.
Informar sobre esas decisiones forma parte de la responsabilidad de cualquier medio y especialmente de uno financiado por el Estado.
La diferencia está en cómo hacerlo.
Una televisión gubernamental puede limitarse a informar que un funcionario inauguró una carretera.
Una televisión pública debería intentar responder además cuánto costó, qué comunidades beneficiará, cuándo comenzó a construirse, si se terminó dentro del presupuesto establecido y qué problema pretende resolver.
Puede transmitir la declaración del funcionario.
Pero también aportar datos.
Puede explicar la posición gubernamental.
Pero debe proporcionar contexto.
Puede informar sobre los logros de una administración.
Pero su credibilidad dependerá también de su capacidad para abordar aquello que no funciona.
Explicar en lugar de defender
Esa diferencia adquiere especial importancia en un ecosistema informativo profundamente polarizado.
Cuando circula información negativa sobre una institución pública, el papel de un medio estatal no debería consistir automáticamente en desmentirla ni en defender al Gobierno.
Puede hacer algo periodísticamente más útil: verificarla y explicarla.
Si una información es correcta, debe decirlo.
Si es parcialmente correcta, puede explicar qué elementos faltan.
Si un dato está presentado fuera de contexto, puede proporcionar el contexto.
Y si documentos o cifras oficiales demuestran que una afirmación es incorrecta, puede presentar esa evidencia.
El objetivo no debería ser indicarle a la audiencia qué debe creer, sino ofrecerle suficientes elementos para que pueda llegar a sus propias conclusiones.
En una época de desinformación, noticias fragmentadas y enfrentamientos políticos en redes sociales, esa función explicativa puede convertirse precisamente en una de las principales razones de ser de un medio público.

La noticia gubernamental no puede ser toda la agenda
Existe además otra diferencia.
La agenda de un medio público no debería construirse únicamente alrededor de Casa Presidencial, ministros, instituciones y funcionarios.
La vida del país ocurre también lejos de los edificios gubernamentales.
Ocurre en una comunidad que lleva meses sin agua.
En una escuela rural.
En una sala de emergencia.
En una frontera.
En una cancha de fútbol.
En un mercado donde una familia descubre que sus ingresos ya no alcanzan.
En un emprendimiento que genera empleo.
En una comunidad que encontró una solución a un problema.
En la cultura, el arte, el medioambiente y las historias de hondureños que pocas veces llegan a los grandes medios.
La televisión pública tiene precisamente la posibilidad de mirar hacia lugares donde la lógica estrictamente comercial de otros medios puede no encontrar suficiente audiencia o rentabilidad.
Llegar donde otros no llegan
La universalidad es uno de los principios internacionales del servicio público.
En Honduras adquiere un significado particular.
El país no termina en Tegucigalpa y San Pedro Sula.
Una televisión nacional debería intentar reflejar también la Mosquitia, el occidente, el sur, el litoral atlántico, las zonas rurales, las comunidades indígenas y afrodescendientes y las distintas realidades sociales y culturales del territorio.
Eso significa que la pregunta editorial no puede ser únicamente:
¿Qué ocurrió hoy?
También debería ser:
¿A quién no estamos viendo?
Porque una de las funciones de un medio público es proporcionar espacio a personas, territorios y asuntos que pueden quedar fuera de la agenda cotidiana.
Servicio público también significa información útil
No todo tiene que ser política.
Una televisión pública puede explicar cómo acceder a una beca, dónde vacunarse, qué hacer ante una emergencia, cómo funciona un nuevo trámite, qué derechos tiene un consumidor, cómo prepararse para un huracán o qué significa para una familia una modificación económica.
Puede ofrecer educación, cultura, historia, ciencia, entretenimiento y deporte.
Puede explicar una ley complicada en palabras sencillas.
Puede ayudar al ciudadano a entender un presupuesto.
Puede convertir una política pública incomprensible en información útil para la vida cotidiana.
La pregunta cambia entonces de “¿qué quiere comunicar la institución?” a “¿qué necesita saber el ciudadano?”
Ese pequeño cambio modifica profundamente el enfoque periodístico.

La pluralidad como prueba
Probablemente uno de los mayores desafíos para cualquier medio financiado por el Estado sea la pluralidad.
Los estándares internacionales de medios públicos colocan la diversidad de voces y la independencia entre sus principios fundamentales.
Eso no significa construir artificialmente una confrontación en cada noticia.
Significa reconocer que la sociedad está compuesta por personas con experiencias, intereses y opiniones diferentes.
Funcionarios, empresarios, trabajadores, académicos, organizaciones sociales, comunidades, especialistas y ciudadanos pueden aportar perspectivas distintas sobre un mismo problema.
La credibilidad de un medio público aumenta cuando la audiencia sabe que puede encontrar allí información incluso cuando esa información resulta incómoda para quienes administran temporalmente el Estado.
El Gobierno cambia; el medio permanece
Hay una razón adicional para hacer esa distinción en Honduras.
Canal 8 nació en 2008 durante la administración de Manuel Zelaya y desde entonces ha atravesado gobiernos de orientaciones políticas profundamente diferentes.
Presidentes y partidos han cambiado.
El canal permanece.
Esa continuidad permite entender una diferencia esencial entre Estado y Gobierno.
El Gobierno es temporal.
El Estado continúa.
Y si Televisión Nacional de Honduras es un medio del Estado, su identidad institucional debería ser capaz de trascender a la administración que ocupa temporalmente Casa Presidencial.
Cada gobierno puede naturalmente establecer políticas públicas y prioridades de gestión.
Pero la construcción de una televisión pública requiere también valores, prácticas y estándares periodísticos que puedan sobrevivir a los cambios políticos.

La credibilidad como principal patrimonio
Un canal privado puede medir buena parte de su éxito mediante audiencia, publicidad y rentabilidad.
Un medio público también necesita audiencia: nadie puede cumplir una misión pública si nadie lo ve.
Pero tiene otra medida fundamental.
La confianza.
La audiencia necesita saber que una información no se publica simplemente porque beneficia al Gobierno ni se oculta porque resulta incómoda.
Esa confianza no se consigue mediante una declaración institucional.
Se construye noticia por noticia.
Reconociendo cuando algo funciona.
Investigando cuando algo falla.
Contrastando cifras.
Diferenciando información de opinión.
Corrigiendo errores.
Explicando decisiones editoriales.
Y permitiendo que diferentes sectores del país puedan verse reflejados en la pantalla.
De la televisión pública al medio público
El desafío actual tampoco termina en TNH.
La transformación digital está haciendo desaparecer progresivamente las fronteras tradicionales entre televisión, radio, periódico y redes sociales.
TNH ya distribuye contenidos mediante plataformas digitales y convive dentro del sistema estatal con Radio Nacional de Honduras y el Diario Nacional de Honduras.
Eso abre la posibilidad de construir algo más amplio: un ecosistema de medios públicos donde una investigación pueda comenzar en el periódico, convertirse en entrevista en radio, desarrollarse como reportaje televisivo y posteriormente adaptarse para las redes sociales.
La plataforma cambia.
La misión debería permanecer.
Una televisión para el país que existe
A sus 18 años, el desafío de Televisión Nacional de Honduras no consiste solamente en competir con otros canales o conseguir más seguidores en las plataformas digitales.
Es definir para qué existe.
Ser televisión pública significa informar sobre el Gobierno sin convertirse necesariamente en su vocero.
Significa reconocer los logros del país sin ignorar sus problemas.
Significa explicar las políticas públicas, pero también examinar sus resultados.
Significa ofrecer espacio al funcionario, pero también al ciudadano sobre quien recaen sus decisiones.
Y significa comprender que quien financia finalmente el medio público no es una administración.
Es la sociedad.
Después de 18 años, TNH ha demostrado que puede sobrevivir a gobiernos, crisis políticas, cambios de nombre y transformaciones tecnológicas.
El siguiente paso es más complejo.
Construir una identidad que permita que, cuando los hondureños vean las siglas TNH, no piensen solamente en la televisión del Gobierno.
Que piensen en la televisión pública de Honduras.

