Después de los 50 la verdadera meta no es un cuerpazo, es la salud
Llegar a los 70 con independencia no depende de la suerte. Después de los 50, hacer ejercicio es un reto, pero también una decisión de vida.


Llegar a los 70 con independencia no depende de la suerte. Después de los 50, hacer ejercicio es un reto, pero también una decisión de vida.
Foto: Cortesía
Cada mañana, en muchos gimnasios, hay una escena que se repite. Gente de más de 50 años, como yo, usa caminadoras, levanta pesas con cuidado o intenta hacer ejercicios que nunca pensaron que harían.
Hacer ejercicio después de los 50 no es fácil. El cuerpo no responde tan rápido, hay más dolores y cuesta más ser disciplinado cuando llevas una vida sedentaria y viene mal durante décadas. Pero hay una razón más fuerte que cualquier excusa: quiero ser independiente y tener dignidad cuando sea mayor.
No quiero correr un maratón ni ser atleta. Mi meta es simple pero importante. Quiero caminar derecha cuando tenga 70 años. Quiero seguir usando zapatos de tacón, aunque no sean muy altos, porque me gustan. Quiero salir de casa sin miedo a caerme. Quiero subir escaleras sin quedarme sin aliento y quiero evitar enfermedades que se pueden prevenir con hábitos saludables.
Recuerdo mi primer día en el gimnasio. El instructor me pidió que me colocara en una posición casi al ras del suelo, con una pesa de 10 libras entre las manos. Luego, con total naturalidad, me dijo: "Ahora levántese". Lo miré y respondí: "No puedo". Él no insistió con palabras; simplemente permaneció allí, esperándome, convencido de que sí era capaz.
Sentí que las fuerzas me abandonaban, el corazón comenzó a latirme con intensidad y por un momento pensé en rendirme. Pero respiré hondo, reuní el poco impulso que me quedaba y lo logré. Cuando finalmente me puse de pie, el instructor sonrió y, como si acabara de superar el paso más sencillo del entrenamiento, me dijo: "Muy bien, ahora haga 12 repeticiones... durante cuatro series".
Los médicos y nutricionistas tienen razón cuando dicen que debemos movernos más y comer mejor. Pero no hablan de lo difícil que es cambiar hábitos de toda la vida. No basta con decir que alguien haga ejercicio; también hay que entender el esfuerzo que implica empezar desde cero cuando tengas más de 50 años.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la actividad física regular es muy beneficiosa para la salud física y mental. En el adulto, ayuda a prevenir y controlar enfermedades no transmisibles como las cardiovasculopatías, el cáncer y la diabetes; reduce los síntomas de la depresión y la ansiedad; y favorece la salud cerebral y el bienestar general.
Cada día en el gimnasio es una pequeña victoria. Hay días que quiero quedarme en casa y otros que no veo resultados. Pero con el tiempo, descubres que el cambio no es solo perder peso, sino tener energía, confianza y tranquilidad de saber que estás haciendo algo por tu futuro.
Envejecer es inevitable, pero nunca es tarde para empezar a cuidar nuestro cuerpo. No podemos recuperar el tiempo perdido, pero sí podemos decidir cómo queremos vivir los años que aún tenemos por delante. Y esa decisión va mucho más allá de una rutina de ejercicio: es una apuesta por la salud, la autonomía y una mejor calidad de vida.
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Tirza Ulloa
ColumnistaPeriodista

