Dionisio de Herrera: el hombre que comenzó a convertir a Honduras en un Estado
A 245 años de su nacimiento, Dionisio de Herrera permanece como una figura esencial en la construcción constitucional e institucional de Honduras.
Roberto Barragán
9 de octubre, 2026
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A 245 años de su nacimiento, Dionisio de Herrera permanece como una figura esencial en la construcción constitucional e institucional de Honduras.
Foto: Cortesía
Antes de que Honduras tuviera una Constitución propia, una división política definida o instituciones capaces de sostener la naciente vida republicana, hubo que imaginar el país. En aquel territorio que despertaba de tres siglos de dominio colonial apareció un abogado cholutecano convencido de que la independencia debía significar algo más que romper las cadenas con España.
Su nombre era José Dionisio de la Trinidad de Herrera y Díaz del Valle. Nació en la Villa de Jerez de Choluteca el 9 de octubre de 1781. Estudió en la Universidad de San Carlos de Guatemala y regresó a Honduras cargado de libros y de las ideas liberales que recorrían el mundo occidental. En 1820 comenzó a desempeñarse como secretario del Ayuntamiento de Tegucigalpa y, un año después, recibió allí los pliegos que anunciaban la independencia centroamericana. Desde esa posición redactó el acta conocida por su expresión “Viva la Independencia”, fechada el 28 de septiembre de 1821.
La ruptura política dejó una pregunta enorme: ¿cómo gobernar el nuevo territorio?
Honduras necesitaba leyes, instituciones y una organización territorial. En 1824, la Asamblea Constituyente reunida en Cedros eligió a Herrera como primer jefe de Estado de Honduras. Desde allí comenzó una etapa decisiva: durante su administración fue aprobada, el 11 de diciembre de 1825, la primera Constitución hondureña.
El país fue organizado inicialmente en siete departamentos: Comayagua, Tegucigalpa, Gracias, Santa Bárbara, Yoro, Olancho y Choluteca. También se estableció el primer Escudo de Armas y se impulsaron las llamadas tertulias patrióticas para discutir Constitución, libertad y ciudadanía.
No pretendía únicamente administrar. Herrera buscaba formar ciudadanos.
En una carta escrita desde Comayagua el 28 de abril de 1826 dejó ver el pensamiento político que acompañaba aquella construcción institucional:
Herrera, fue un político y abogado connotado de su época · Foto: Cortesía
“Se ha mudado en virtud de la ley omnipotente que dirige todas las cosas a la libertad. Completamente han ganado los liberales”.
Su administración también impulsó la alfabetización y los primeros intentos de aplicar el método lancasteriano de enseñanza, en una época en la que aprender a leer era todavía un privilegio de pocos.
Una huella escrita en las instituciones
La vida política de Herrera no transcurrió en calma. Las disputas entre liberales y conservadores sacudieron a la Federación Centroamericana.
En 1827, fuerzas vinculadas al presidente federal Manuel José Arce terminaron derrocándolo; Herrera fue capturado y llevado a Guatemala. Francisco Morazán, quien había trabajado como secretario general de su administración, emergería después como protagonista de la lucha federal.
El paso de Herrera por el poder sobrevivió a su caída.
Honduras ha tenido 14 constituciones, según el recuento histórico presentado por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), y aquella Carta Magna de 1825 abrió una trayectoria constitucional que supera ya los dos siglos.
Durante la conmemoración del centenario de su muerte, la escritora María Trinidad del Cid resumió la dimensión de preservar a quienes ayudaron a construir una nación:
“El recuerdo de los bienamados es lo que nos señala el grado de adelanto a que ha llegado una nación”.
Aristocrata y hombre de hulla imborrable en la historia de Honduras · Foto: Cortesía
Dionisio de Herrera representa precisamente eso: el tránsito entre conquistar la independencia y comenzar a construir el Estado. Antes de que Honduras pudiera reconocerse plenamente como República, ayudó a darle Constitución, territorio, símbolos, educación cívica e instituciones.
Dos siglos después, su legado no permanece únicamente en los monumentos. Sigue escrito en una idea que todavía sostiene la vida pública hondureña: la libertad necesita leyes e instituciones para convertirse en ciudadanía.