El cambio climático: ¿Por qué está en la agenda internacional del presidente Asfura?
Honduras enfrenta vulnerabilidad climática, pobreza y dependencia de actividades sensibles al clima, factores que al combinarse pueden multiplicar sus impactos.

Honduras enfrenta vulnerabilidad climática, pobreza y dependencia de actividades sensibles al clima, factores que al combinarse pueden multiplicar sus impactos.
Foto: Así luce Tegucigalpa, capital de Honduras. Shalom Herrera/DNH
Cuando el presidente Nasry Asfura hable por primera vez en la Asamblea General de las Naciones Unidas, este miércoles 23 de septiembre, lo hará sobre cambio climático, un tema que podría parecer parte de una agenda internacional lejana, llena de grandes acuerdos, emisiones de carbono y compromisos entre gobiernos.
Pero para Honduras, el cambio climático no es un asunto distante.
Se siente cuando una sequía prolongada afecta las cosechas, cuando las lluvias provocan inundaciones y destruyen carreteras, cuando una tormenta golpea comunidades vulnerables o cuando la falta de agua amenaza la producción de alimentos.
Honduras es considerado por el Banco Mundial un país altamente vulnerable al cambio climático y a los fenómenos naturales extremos. Esa vulnerabilidad tiene consecuencias que van mucho más allá del medio ambiente: afecta la economía, la seguridad alimentaria y del agua, la salud y las condiciones de vida de la población.
Un problema que también se mide en lempiras
Cada desastre climático tiene una factura.
Una carretera destruida significa recursos públicos que deberán utilizarse para reconstruirla. Una cosecha perdida significa menores ingresos para los productores y potencialmente mayores precios para los consumidores. Una comunidad inundada puede significar viviendas destruidas, familias desplazadas y servicios públicos interrumpidos.
Y existe un efecto menos visible: el dinero que un país debe destinar a reparar los daños provocados por fenómenos extremos es dinero que deja de utilizarse en educación, salud, infraestructura o desarrollo.
Por eso el cambio climático también es un asunto económico.
Un análisis reciente sobre Honduras publicado por la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano destaca precisamente que la vulnerabilidad climática y los desastres naturales tienen efectos importantes sobre la economía hondureña.

El campo está en el centro del problema
Para un país donde miles de familias dependen directa o indirectamente de la agricultura, las variaciones en las lluvias y las temperaturas no son una discusión académica.
Son una cuestión de producción y de comida.
El cambio climático puede alterar los ciclos agrícolas, aumentar la exposición a sequías e inundaciones y hacer más difícil para los productores saber cuándo sembrar y cuánto podrán cosechar.
Y cuando se afecta la producción de alimentos, el problema termina llegando a las ciudades y al bolsillo de los consumidores.
También está en nuestras ciudades
La vulnerabilidad no se limita al campo.
Las lluvias intensas pueden provocar inundaciones y deslizamientos, mientras que las temperaturas más elevadas aumentan la presión sobre los sistemas de agua y otros servicios públicos.
En un país con importantes necesidades de infraestructura, prepararse para estos escenarios significa construir carreteras, puentes, sistemas de drenaje, viviendas y ciudades capaces de resistir mejor los fenómenos extremos.
No se trata solamente de reaccionar después del desastre.
Se trata de invertir antes.

¿Qué puede significar para Honduras hablar de esto en la ONU?
La importancia de que Honduras lleve el cambio climático a una tribuna como Naciones Unidas está también en plantear una realidad que afecta especialmente a países vulnerables: quienes menos contribuyen al problema pueden enfrentar algunos de sus mayores costos.
Para Honduras, la conversación internacional tiene entonces una dimensión práctica.
Significa buscar cooperación, financiamiento, tecnología y mecanismos de adaptación que permitan reducir los daños que el cambio climático puede provocar en el país.
El Banco Mundial advierte que los impactos climáticos afectan de manera desproporcionada a las poblaciones más pobres y vulnerables.
Por eso, cuando Asfura hable de cambio climático ante la comunidad internacional, la pregunta de fondo no debería ser solamente qué dirá Honduras sobre el calentamiento global.
También debería ser:
¿Qué necesita Honduras del mundo para poder enfrentar lo que ya está ocurriendo dentro de sus propias fronteras?
Porque para los hondureños el cambio climático no empieza en una conferencia internacional.
Empieza en el campo cuando no llueve.
En una comunidad cuando el río se desborda.
En una carretera cuando un derrumbe la corta.
En una familia cuando pierde su cosecha.
Y en el presupuesto nacional cuando toca volver a reconstruir lo que un fenómeno extremo destruyó.
El cambio climático, para Honduras, no es el problema del futuro.
Es un desafío del presente.

De Berlín a Nueva York: un tema que Honduras ya llevó a un foro internacional
El discurso que el presidente Nasry Asfura pronunciará ante las Naciones Unidas sobre cambio climático no será la primera ocasión en que el mandatario aborde este tema en un escenario internacional.
En junio pasado, Asfura participó en Berlín, Alemania, en el Foro de Movilidad Climática, un encuentro internacional que reunió a representantes de gobiernos y organismos de distintos países para analizar una de las consecuencias menos visibles del cambio climático: el desplazamiento y la movilidad de las personas afectadas por los fenómenos climáticos.
El foro, celebrado los días 18 y 19 de junio, puso sobre la mesa una realidad que tiene particular relevancia para Centroamérica: el cambio climático no solamente transforma ecosistemas o afecta la producción agrícola; también puede obligar a las personas a abandonar sus lugares de origen cuando pierden sus medios de vida o cuando sus comunidades quedan expuestas a desastres recurrentes.
Y allí Honduras tiene mucho que decir.
Cuando el clima también empuja a migrar
La relación entre cambio climático y migración no siempre es directa ni puede explicarse por una sola causa. La pobreza, la falta de oportunidades, la inseguridad alimentaria y otros factores sociales y económicos se combinan con sequías, huracanes, inundaciones y otros fenómenos para aumentar la vulnerabilidad de las comunidades.
Investigaciones sobre Honduras y El Salvador han documentado precisamente esa interacción: los impactos climáticos pueden deteriorar los medios de subsistencia y convertirse en uno de los factores que contribuyen a la movilidad humana.
En otras palabras, una familia que pierde repetidamente sus cultivos por la falta de lluvia, o que ve destruida su vivienda por inundaciones o deslizamientos, puede terminar enfrentando una decisión que originalmente no estaba en sus planes: irse.
Por eso, hablar de cambio climático también significa hablar de migración.
La discusión internacional está cambiando
Uno de los elementos centrales de este tipo de foros es que la respuesta al cambio climático ya no se limita a reducir emisiones o proteger los bosques.
También incluye adaptación, resiliencia y movilidad humana.
La pregunta es qué hacer cuando una comunidad todavía puede permanecer en su territorio, cómo ayudarla a adaptarse y, cuando permanecer deja de ser viable, cómo garantizar que el desplazamiento ocurra de manera segura y digna.
El Foro de Movilidad Climática de Berlín puso precisamente el foco en esa dimensión humana y en la necesidad de fortalecer la cooperación internacional y el financiamiento para los países más vulnerables.
Para Honduras, ese debate resulta especialmente relevante.
El país enfrenta una combinación de vulnerabilidad climática, pobreza y dependencia de actividades sensibles al comportamiento del clima. Cuando esas variables se juntan, el impacto puede multiplicarse.
De Berlín a Naciones Unidas
La participación de Honduras en estos espacios permite colocar el cambio climático desde una perspectiva que va más allá de la protección ambiental.
Es también una conversación sobre desarrollo, infraestructura, agricultura, agua, seguridad alimentaria y migración.
Y existe otra dimensión importante: el financiamiento.
Los países vulnerables necesitan recursos para adaptarse, construir infraestructura más resistente, proteger sus fuentes de agua, fortalecer sistemas de alerta temprana y reducir el impacto de los desastres.
Por eso, cuando el presidente hondureño lleve nuevamente el tema a un foro internacional, la conversación no será solamente sobre cuánto está cambiando el clima.
También será sobre cuánto le cuesta a un país como Honduras adaptarse a ese cambio y qué responsabilidad tiene la comunidad internacional frente a esa realidad.
Entre Berlín y Nueva York hay, por tanto, un mismo hilo conductor: colocar a Honduras dentro de una conversación mundial que ya no entiende el cambio climático únicamente como un problema ambiental.
También lo entiende como un problema humano.
Y para un país donde los fenómenos climáticos pueden afectar cosechas, viviendas, infraestructura y medios de vida, esa diferencia no es menor.
La factura del clima: cuánto le han costado a Honduras las inundaciones, sequías y tormentas
Eta e Iota: más de 52,000 millones de lempiras
Una evaluación conjunta de CEPAL y BID calculó que Eta e Iota, en noviembre de 2020, provocaron en Honduras efectos por aproximadamente 52,099 millones de lempiras. De ese total, 44% correspondió a daños, 52% a pérdidas y 4% a costos adicionales. El sector privado absorbió la mayor parte del impacto.
El Banco Mundial, utilizando otra estimación, situó el costo en alrededor de US$1,900 millones y señaló que los huracanes afectaron a más de 4.5 millones de personas y obligaron a evacuar a más de un millón.
El golpe al sector agropecuario fue enorme.
La evaluación de CEPAL calculó para 2020:
- L1,752 millones en daños agropecuarios.
- L5,060 millones en pérdidas.
- L313 millones en costos adicionales.
- Para 2021 se estimaron otros L1,711 millones en pérdidas en cultivos permanentes.
90% del daño agropecuario de 2020 correspondió a agricultura y 10% al sector pecuario.
Los cultivos más afectados fueron café, banano, plátano y caña de azúcar.
La sequía también puede ser devastadora
No todo son huracanes e inundaciones.
El Banco Mundial registra que la sequía de 2019 provocó pérdidas estimadas de 72% de la cosecha de maíz y 75% de la de frijoles, contribuyendo a que Honduras declarara una emergencia alimentaria.
Ese dato permite mostrar las dos caras del problema: demasiada agua puede destruir la producción; demasiada poca agua también.
El costo no termina cuando deja de llover
El Banco Mundial estima que, si no se toman medidas adicionales de adaptación, las inundaciones, vendavales y otros peligros naturales podrían representar una pérdida equivalente a 5.4% del PIB anual hacia 2050. Además, proyecta reducciones en la productividad de cultivos fundamentales como café, maíz, frijol y caña de azúcar.
Y más del 60% de la red vial hondureña está expuesta actualmente a amenazas naturales, según el Banco Mundial.
Eso conecta muy bien con la vida cotidiana: cuando una carretera queda destruida o incomunicada, no solamente hay un problema de transporte; se interrumpe el acceso de productores a mercados, de estudiantes a escuelas y de comunidades a servicios.
Los datos históricos
El Banco Mundial señala que entre 1995 y 2014 Honduras registró pérdidas económicas anuales por eventos meteorológicos equivalentes, en promedio, a 2.23% del PIB.
Es decir, no estamos hablando de un fenómeno que apareció con Eta e Iota. Honduras lleva décadas pagando una factura considerable por su exposición a fenómenos climáticos.





