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“Escuchar nueve veces y hablar una”: la receta del expresidente Lobo para gobernar en tiempos de polarización
El expresidente Lobo instó al gobierno a escuchar y abrir espacio de diálogo para tener mayores probabilidades de construir estabilidad y acuerdos duraderos.
RD
Redacción Diario Nacional
17 de junio, 2026
10 min de lectura

El expresidente Lobo instó al gobierno a escuchar y abrir espacio de diálogo para tener mayores probabilidades de construir estabilidad y acuerdos duraderos.
Foto: Captura de pantalla/TNH.
Cuando Porfirio Lobo asumió la presidencia de Honduras en 2010, el país atravesaba uno de los momentos más complejos de su historia reciente.
El golpe de Estado contra el entonces presidente Manuel Zelaya había fracturado la vida política nacional, provocado aislamiento internacional y profundizado una polarización que marcaría la siguiente década.
Dieciséis años después, Honduras vuelve a debatir sobre gobernabilidad, diálogo y polarización.
Aunque los contextos son distintos, existe un elemento que conecta ambos momentos: tanto Lobo como el actual presidente Nasry Asfura llegaron al poder después de administraciones que dejaron al país profundamente dividido y con altos niveles de confrontación política.
Consultado sobre los desafíos que enfrenta el gobierno en 2026, el expresidente evitó centrar su análisis en cifras o estrategias de comunicación. En cambio, volvió una y otra vez a una misma palabra: diálogo.
“Hay un instrumento poderosísimo que nos ha dado Dios a los seres humanos y es la capacidad de entendernos, de dialogar”, afirmó en una entrevista en el foro Agenda Nacional de Televisión Nacional de Honduras (TNH).
Para Lobo, la gobernabilidad no comienza en los ministerios ni en los discursos, sino en la capacidad de escuchar.
Incluso recordó una vieja regla de la política que, a su juicio, sigue vigente: “Escuchemos nueve y hablemos uno”.
Según el exmandatario, los gobiernos deben abrir espacios permanentes de conversación con partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, iglesias y comunidades, incluso cuando las críticas sean incómodas.
“El político debe saber que está sujeto a críticas, calumnias e injurias. Pero la ética del político demanda entender que uno está allí para escuchar a su pueblo”, sostuvo.
La reflexión adquiere especial relevancia en momentos en que el gobierno enfrenta cuestionamientos sobre comunicación, gestión y expectativas ciudadanas.
Para Lobo, uno de los errores más frecuentes de quienes ejercen el poder es creer que la población no comprende lo que ocurre. “La gente no es engañable”, dijo. “La gente vive su realidad.”
Y recordó una lección que escuchó hace casi cuatro décadas durante una reunión de líderes políticos latinoamericanos:
“El error de los políticos es pensar que la gente no entiende o que no percibe.”
A su juicio, esa realidad es aún más evidente en tiempos de redes sociales, donde la información circula con rapidez y los ciudadanos forman sus propias conclusiones a partir de su experiencia cotidiana. Más que pedir tiempo, sostiene, los gobiernos deben generar confianza desde el inicio.
“Por el levante del águila se conoce el vuelo”, señaló utilizando un viejo refrán popular. La frase resume una de las ideas centrales de su análisis: la ciudadanía suele formarse una impresión temprana sobre el rumbo de una administración, no por los discursos, sino por señales concretas que afectan su vida diaria.
Como ejemplo mencionó la percepción de mejoras en algunos servicios públicos de salud. “Hoy usted escucha gente que dice: me dieron mi medicina, me dieron mi cita. Eso mejora la percepción de la gente”, afirmó.
Pero si hubo una recomendación que repitió varias veces durante la conversación, fue esta: “Hay que escuchar. Abran los diálogos.”
En un país donde la polarización sigue ocupando buena parte del debate político, el expresidente parece convencido de que la gobernabilidad comienza por una práctica mucho más sencilla y mucho más difícil al mismo tiempo: escuchar antes de hablar.
El consejo político: separar el gobierno del partido
Las convocatorias a movilizaciones impulsadas por dirigentes del Partido Libre, apenas unos meses después de iniciado el nuevo gobierno, han reabierto el debate sobre la gobernabilidad en Honduras y la capacidad de los gobiernos para administrar escenarios de alta polarización política.
Para algunos analistas, el inicio temprano de acciones de protesta refleja la intensidad de la confrontación que caracteriza la actual etapa política del país; para otros, evidencia que la campaña electoral y las tensiones partidarias continúan influyendo en la vida nacional incluso después de concluido el proceso de transición.
En ese contexto, el expresidente Porfirio Lobo sostiene que la respuesta no debe ser la confrontación, sino la construcción de espacios permanentes de diálogo capaces de canalizar el descontento y reducir las tensiones antes de que se conviertan en crisis mayores.
Para Lobo, la movilización política forma parte natural de la democracia. “Esa es la democracia. Eso aquí lo va a tener permanentemente”, afirmó.
Sin embargo, el expresidente aprovechó para plantear una recomendación que considera clave para la gobernabilidad.
A su juicio, Asfura debería delegar la conducción del Partido Nacional en el presidente del Congreso Nacional, Tomás Zambrano, y concentrarse exclusivamente en las tareas de gobierno.
“Él es el presidente de los hondureños”, sostuvo.
Según Lobo, dirigir simultáneamente el país y el partido político puede terminar sobrecargando al mandatario y dificultando ambas responsabilidades.
“¿Cómo va a estar en la presidencia y cómo va a estar de presidente del partido? No puede”, señaló. Para respaldar su argumento, recordó una experiencia de su propia trayectoria política.
Relató que durante la administración de Ricardo Maduro, el entonces presidente decidió entregarle la conducción partidaria para concentrarse plenamente en las tareas de gobierno.
La lógica, explica, era sencilla: mientras el Ejecutivo gobierna, alguien debe mantener abiertos los canales de comunicación con líderes locales, dirigentes, sectores sociales y estructuras políticas.
Lobo ocupaba también la presidencia del Congreso y consideraba que esa función cumplía además un papel importante para reducir tensiones y canalizar demandas antes de que se convirtieran en conflictos mayores.
“La presidencia del partido es para que lleguen los líderes, que se quejen, que si esto, que lo otro”, explicó.
Más allá de la estructura partidaria, su reflexión vuelve al mismo punto que marcó toda la entrevista: escuchar.
Porque, según su visión, los partidos políticos también pueden funcionar como espacios de diálogo y termómetros del descontento social.
La observación adquiere relevancia en momentos en que el oficialismo y la oposición vuelven a hablar de movilización política, en un ambiente donde la polarización sigue siendo uno de los principales desafíos para la gobernabilidad del país.
Para Lobo, el reto no consiste en evitar el conflicto político —algo imposible en democracia— sino en construir mecanismos capaces de procesarlo antes de que se convierta en una crisis.
La experiencia de un gobierno de conciliación
Cuando se le preguntó sobre la participación de dirigentes liberales en instituciones del actual gobierno, Lobo evitó centrarse en cuotas políticas o repartos de poder.
Prefirió llevar la conversación hacia un concepto que considera fundamental para cualquier administración que enfrenta un país dividido: la construcción de consensos.
Recordó que su gobierno nació en un momento de profunda confrontación nacional y que una de las respuestas fue integrar a distintas fuerzas políticas y sociales alrededor de un objetivo común.
“Todos estábamos comprometidos con gobernar. Todos estábamos comprometidos con que el reto era la unidad nacional”, afirmó.
Como ejemplo mencionó la incorporación de figuras provenientes de otras corrientes políticas, entre ellas César Ham, dirigente de Unificación Democrática, a quien atribuyó un papel importante en el manejo de conflictos agrarios, especialmente en el Bajo Aguán.
Para el expresidente, la participación de diversos sectores no debe verse únicamente como una fórmula política, sino como una herramienta de gobernabilidad.
“Es un buen paso”, señaló al referirse a la incorporación de actores de distintas fuerzas. Sin embargo, considera que el esfuerzo debe ir más allá de los acuerdos entre partidos. “Invítelos a todos”, insistió.
Empresarios, campesinos, trabajadores, jóvenes, iglesias, organizaciones sociales. Según su visión, la gobernabilidad se fortalece cuando los distintos sectores sienten que tienen espacios para ser escuchados y participar en la búsqueda de soluciones.
“Si usted dialoga, la gente lo entiende. Y si usted dialoga, la gente libera energía y le da soluciones”, afirmó.
Lobo recordó que durante su administración mantenía reuniones periódicas con el grupo de los 13, integrado por representantes de diversos sectores nacionales, una práctica que, según relata, permitía anticipar conflictos, conocer preocupaciones y reducir tensiones.
También destacó el papel que desempeñaron las iglesias católica y evangélica durante uno de los períodos más complejos de la vida política reciente.
“A mí me ayudaron increíblemente las iglesias en bajar la tensión”, recordó.
La conclusión a la que vuelve una y otra vez es la misma: cuando un país enfrenta polarización, la primera herramienta de gobernabilidad no es la confrontación. Es el diálogo.
Y mientras más amplio sea ese diálogo, mayores son las posibilidades de construir estabilidad y acuerdos duraderos.
La gobernabilidad también se construye afuera
Para Lobo, la estabilidad de un gobierno no depende únicamente de lo que ocurre dentro de las fronteras nacionales.
También está vinculada a la capacidad de construir relaciones internacionales sólidas que permitan atraer inversión, financiamiento y cooperación.
En ese sentido, considera que el actual gobierno parte de una posición favorable.
A su juicio, Honduras mantiene un importante nivel de respaldo de organismos multilaterales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), así como de otras instituciones internacionales dispuestas a acompañar proyectos de desarrollo.
Sin embargo, el expresidente cree que el país debe evitar caer en visiones excluyentes de la política exterior.
Particularmente se refirió a la relación con China, una decisión diplomática adoptada durante la administración de Xiomara Castro que puso fin a décadas de reconocimiento oficial a Taiwán.
Para Lobo, independientemente de las diferencias políticas internas, Honduras debe aprovechar una relación que considera estratégica. “Hay que cuidar esa relación”, afirmó.
Recordó que durante su administración intentó acercamientos con Beijing, aunque en aquel momento existían limitaciones derivadas de la relación diplomática que Honduras mantenía con Taiwán.
Según relató, incluso sin relaciones diplomáticas formales, China financió proyectos de gran magnitud como la represa hidroeléctrica Patuca III, una de las inversiones energéticas más importantes de las últimas décadas.
Por ello, considera un error plantear la relación con China como incompatible con la histórica alianza que Honduras mantiene con Estados Unidos.
“Estados Unidos es nuestro aliado más importante”, reconoció. Pero inmediatamente agregó: “Eso no significa que vamos a excluir a China”.
A su juicio, la realidad geopolítica actual exige una visión más pragmática. Recordó que la mayoría de los países centroamericanos mantienen vínculos diplomáticos y comerciales con ambas potencias, y sostuvo que Honduras no debería verse obligada a escoger entre una u otra.
La reflexión va más allá de China. En realidad, revela una visión más amplia de la política exterior. Una visión en la que los países pequeños deben construir relaciones diversas y aprovechar oportunidades de cooperación sin convertir la diplomacia en un campo de confrontación ideológica.
Lobo recordó que durante su administración impulsó decisiones de política internacional que también generaron debate, entre ellas el reconocimiento del Estado palestino.
La medida, explicó, estuvo inspirada en principios de la doctrina social cristiana que históricamente han influido en el Partido Nacional y que reconocen el derecho de los pueblos a contar con un territorio y una identidad política propia.
“Uno tiene que ser amigo de todo el mundo”, resumió.
La frase refleja una idea que atravesó buena parte de la conversación: así como la gobernabilidad interna requiere diálogo entre sectores distintos, la gobernabilidad externa también exige la capacidad de construir puentes con actores diversos, incluso cuando existan diferencias.
Porque, según su visión, el mundo actual ofrece pocas recompensas para quienes optan por el aislamiento y muchas más para quienes saben construir relaciones.
México el mayor inversionista de su gobierno
Lobo también llamó la atención sobre un dato que, a su juicio, suele pasar desapercibido en el debate público. Durante su administración, aseguró que el principal origen de la inversión extranjera en Honduras no fue Estados Unidos ni Europa, sino México.
La referencia le sirvió para ilustrar una de las ideas centrales de su visión sobre las relaciones internacionales: las oportunidades de inversión, cooperación y desarrollo pueden provenir de múltiples países y regiones.
Por eso considera que Honduras debe evitar una política exterior limitada a un solo bloque de aliados y apostar por una estrategia más amplia, capaz de fortalecer vínculos con distintas economías y aprovechar oportunidades donde estas surjan.
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