"Festival del Choro y el Vino" en Intibucá: Una fiesta de tradición y arte
Descubre el Festival del Choro y el Vino en Intibucá: una celebración cultural única que reúne gastronomía, arte y tradición en un gran ambiente.




















Foto: Emilio Flores DNH
El Festival Nacional del Choro y el Vino es una de las celebraciones culturales más representativas de los municipios de La Esperanza y Yamaranguila, en Intibucá.

Este evento reúne gastronomía, arte y tradición en un ambiente festivo que destaca la identidad del occidente de Honduras.

Un encuentro entre gastronomía y naturaleza
La festividad gira en torno a dos elementos esenciales: el “choro”, un hongo silvestre comestible que brota en los bosques de pino durante la temporada de lluvias, y el vino artesanal elaborado con frutas de la región. Ambos productos se convierten en protagonistas de la cocina local.

El choro, protagonista de la temporada
Este hongo de color anaranjado intenso es altamente apreciado en la cocina lenca.

Durante el festival, cocineros locales lo incorporan en una amplia variedad de platillos tradicionales que resaltan su sabor y su valor cultural.

Vino artesanal de altura
El vino de La Esperanza es elaborado de forma artesanal a partir de frutas y otros cultivos propios del clima frío de la zona.

Su proceso de fermentación puede extenderse por varios meses, dando como resultado una bebida dulce y afrutada muy apreciada por visitantes y habitantes.

Expresión de la cultura lenca
Además de la gastronomía, el festival ofrece exposiciones de artesanía, presentaciones musicales, danzas tradicionales y muestras de arte que fortalecen la difusión de la cultura indígena lenca en la región.

Impacto turístico y económico
Considerado uno de los eventos turísticos y gastronómicos más importantes del occidente del país, el festival impulsa la economía local y promueve la identidad regional.

El Festival del Choro y el Vino se llena de color y alegría al convertir a los niños en los verdaderos protagonistas de la celebración.
A través coloridos desfiles, los más pequeños no solo disfrutan de la festividad, sino que también conectan con sus raíces culturales.

Su energía contagiosa y participación activa transforman el evento en un espacio vibrante y familiar, donde el relevo generacional asegura que las tradiciones locales sigan vivas con más fuerza que nunca.

La celebración se desarrolla cada año entre el 3 y el 5 de julio, reuniendo a cientos de visitantes.

La celebración genera un gran impacto económico en la zona y, gracias al lente de nuestro fotógrafo Emilio Flores, podemos apreciar los colores, tradiciones y atractivos que hacen único este lugar.





