Julio Raudales: Honduras tiene poco margen frente al aumento de los precios internacionales
Economista explica cómo la dependencia de importaciones afecta a Honduras ante alza de precios globales.


Economista explica cómo la dependencia de importaciones afecta a Honduras ante alza de precios globales.
Foto: Granos básicos, Shalom Herrera/DNH
El encarecimiento de alimentos, combustibles y otros bienes en los mercados internacionales está golpeando a Honduras con especial fuerza. La razón, según el economista Julio Raudales, es estructural: el país produce poco de lo que consume y depende excesivamente de las importaciones.
La inflación no es un problema exclusivamente hondureño.
Estados Unidos, principal socio comercial de Honduras, enfrenta presiones sobre los precios, mientras Europa también lidia con aumentos en distintos rubros. A esto se suman la sequía, las alteraciones en los mercados energéticos y las tensiones internacionales que han encarecido alimentos, combustibles y materias primas, explicó Raudales en una entrevista con el noticiero Hoy Mismo.
Pero no todos los países reciben ese impacto de la misma manera.
Honduras, sostuvo el economista, es particularmente vulnerable porque importa una gran proporción de lo que consume y tiene una baja capacidad de producción interna.
¿Por qué Honduras está sintiendo con tanta fuerza el aumento de los precios?
"Porque somos una economía muy pequeña, muy abierta y con enormes problemas de productividad", dijo Raudales.
Estados Unidos y Europa están enfrentando presiones inflacionarias y son dos de nuestros principales referentes comerciales. Cuando los precios suben afuera, una economía como la hondureña termina importando buena parte de esa inflación.
A eso hay que agregar la sequía y los problemas en los mercados internacionales, que han elevado el precio de muchos de los bienes que consumimos.

¿Estamos entonces frente a una inflación importada?
En una parte muy importante, sí.
Nosotros dependemos enormemente de bienes importados. Lo que Honduras importa para consumir representa una proporción muy alta respecto al tamaño de su economía.
Si los bienes que compramos afuera suben de precio, inevitablemente una parte de ese incremento termina trasladándose al consumidor hondureño.
El Banco Central había previsto una inflación menor. ¿Qué salió mal?
El Banco Central tenía una meta de inflación de 4%, con un rango de tolerancia de un punto porcentual hacia arriba o hacia abajo.
El problema es que hay factores externos que el Banco Central no controla.
Puede manejar la cantidad de dinero que circula dentro del país, pero no puede decidir cuánto cuesta el petróleo en el mercado internacional, cuánto suben los alimentos afuera o qué ocurre con la inflación estadounidense.
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¿Puede hacer algo para detener el aumento de precios?
Puede hacerlo, pero el costo puede ser muy alto.
El Banco Central podría reducir fuertemente la cantidad de dinero en circulación. Si las personas tienen menos capacidad para comprar, la demanda disminuye y eso ayuda a contener los precios.
Pero también puede caer la producción.
Ahí está el dilema: se puede combatir la inflación, pero si se hace de manera demasiado agresiva se corre el riesgo de frenar la economía.
¿Por qué Honduras parece sufrir más que otros países de Centroamérica?
Porque dependemos más del exterior.
Honduras tiene una capacidad productiva muy débil y eso nos obliga a comprar afuera cosas que deberíamos producir internamente.
Hay países vecinos que producen una proporción mayor de los alimentos que consumen. Nicaragua, por ejemplo, produce más alimentos, vegetales y carne para su mercado interno.
Nosotros, en cambio, terminamos importando una gran cantidad de productos básicos.

¿Qué tan grave es que Honduras importe alimentos?
Ese es uno de los puntos más preocupantes.
Es comprensible que importemos petróleo, computadoras o teléfonos celulares porque no los producimos.
Lo que no es sostenible es que un país con capacidad agrícola tenga que importar granos básicos y otros alimentos que podría producir internamente.
Cada vez que los precios internacionales suben, esa dependencia se convierte en inflación para Honduras.
¿La sequía puede complicar todavía más el panorama?
Sí.
La sequía mundial y los problemas climáticos afectan la producción agrícola y eso presiona los precios de los alimentos.
Para un país que depende tanto de las importaciones, una menor producción internacional significa precios más altos y mayor vulnerabilidad.
Si además Honduras reduce su propia producción agrícola, el problema se multiplica.
¿Y qué está pasando con el petróleo?
El petróleo es otro factor decisivo.
Una parte importante de la producción mundial proviene del Medio Oriente y cualquier alteración en esa región repercute sobre los precios.
Las interrupciones en el suministro, las tensiones geopolíticas y los problemas en las rutas utilizadas para transportar petróleo generan aumentos que terminan llegando a países importadores como Honduras.
Nosotros no producimos el petróleo que consumimos. Si sube afuera, pagamos más aquí.

¿El gobierno puede reducir el precio de los combustibles?
Tiene una herramienta: reducir los impuestos a los combustibles.
Eso podría aliviar el precio que paga el consumidor.
Pero nuevamente hay un costo.
El impuesto a los combustibles representa una fuente importante de ingresos fiscales. Si el gobierno reduce ese impuesto, tendría que disminuir el gasto público o encontrar otros ingresos para compensar lo que deja de recaudar.
No hay una solución sin consecuencias.
Estados Unidos también está enfrentando inflación. ¿Por qué eso debería preocupar a Honduras?
Porque la economía estadounidense tiene una enorme influencia sobre nosotros.
Si aumenta la inflación en Estados Unidos y la Reserva Federal responde elevando las tasas de interés, el impacto puede llegar directamente a Honduras.
Cuando las tasas suben allá, se genera presión sobre las tasas de interés aquí.
Eso significa crédito más caro para empresas y familias y puede terminar afectando la inversión, el consumo y la producción.
Entonces, ¿Honduras está atrapada entre inflación y bajo crecimiento?
Ese es precisamente el riesgo.
Si no se hace nada, la inflación golpea el poder adquisitivo de la población.
Pero si se aplican medidas monetarias demasiado fuertes para contenerla, puede caer la producción.
Por eso el verdadero problema no se resuelve únicamente con decisiones del Banco Central.
¿Cuál es entonces el problema de fondo?
La productividad.
Honduras necesita producir mucho más de lo que consume.
Mientras sigamos dependiendo excesivamente de las importaciones, cada crisis externa una guerra, una sequía, un aumento del petróleo o una inflación elevada en Estados Unidos terminará afectando directamente el bolsillo de los hondureños.

Honduras también tiene elevados niveles de pobreza. ¿Qué relación existe entre pobreza y productividad?
Una relación muy estrecha.
La pobreza hondureña no es nueva. Tenemos décadas con niveles extremadamente altos y hemos avanzado muy poco.
Se habla constantemente de reducir la pobreza, pero mientras no transformemos la estructura productiva del país será muy difícil hacerlo.
Hay que mejorar las condiciones para producir, invertir y generar empleo.
¿Qué tendría que cambiar?
Los incentivos, el clima de negocios, las reglas para invertir y la seguridad jurídica.
Los hondureños pueden ser productivos. Lo vemos cuando trabajadores hondureños llegan a Estados Unidos y se incorporan a una economía altamente productiva.
Entonces el problema no es simplemente el trabajador. También es el entorno en el que tiene que producir.
¿Qué le espera al consumidor hondureño en este escenario?
En el corto plazo, probablemente tendrá que ajustarse.
El gobierno puede amortiguar algunos impactos, pero Honduras no puede controlar los precios internacionales.
La solución más importante es de mediano y largo plazo: producir más dentro del país, importar menos de lo que podemos fabricar o cultivar nosotros mismos y reducir nuestra vulnerabilidad frente a las crisis internacionales.
Porque mientras Honduras siga dependiendo del exterior para abastecer una parte tan grande de su consumo, la inflación mundial seguirá entrando al país por la misma puerta: las importaciones.
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