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¿Por qué el agua se está convirtiendo en uno de los recursos más disputados del mundo?

Descubre por qué el agua se ha convertido en uno de los recursos más disputados a nivel mundial. Tensiones diplomáticas, racionamientos y desafíos económicos.

RD
Redacción Diario Nacional
11 de agosto, 2026
8 min de lectura
¿Por qué el agua se está convirtiendo en uno de los recursos más disputados del mundo?

Descubre por qué el agua se ha convertido en uno de los recursos más disputados a nivel mundial. Tensiones diplomáticas, racionamientos y desafíos económicos.

Desde los racionamientos en varios países hasta las tensiones entre países que comparten grandes ríos, la escasez de agua ya no es solo un problema ambiental. También se ha convertido en un desafío económico, político y diplomático.

La escasez de agua es una preocupación mundial que afecta a ciudades, pone en riesgo la producción de alimentos, obliga a millones de personas a racionar el consumo y, en algunos casos, alimenta tensiones diplomáticas entre países que dependen de las mismas fuentes hídricas.

La Organización de las Naciones Unidas ha advertido que el mundo está entrando en una etapa en la que la demanda de agua supera cada vez más la capacidad natural para reponerla. Un informe de la Universidad de las Naciones Unidas incluso acuñó el término "bancarrota hídrica" para describir sistemas de agua sobreexplotados hasta el punto de comprometer su recuperación. 

Según Naciones Unidas, cerca de tres cuartas partes de la población mundial vive en países con inseguridad hídrica o inseguridad hídrica crítica. Además, alrededor de 4.000 millones de personas experimentan escasez severa de agua durante al menos un mes al año.

Un problema que ya no depende solo de la lluvia 

Durante mucho tiempo se pensó que la falta de agua era consecuencia exclusiva de las sequías.

Hoy los expertos hablan de una combinación mucho más compleja.

El crecimiento de las ciudades, el aumento de la población, la expansión agrícola, la contaminación de ríos y acuíferos, la deforestación y el cambio climático están reduciendo la disponibilidad de agua dulce en muchas regiones del planeta.

En otras palabras, el mundo consume agua a un ritmo mayor del que la naturaleza puede reponer.

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Foto: Marlin Chacón, DNH

Cuando el agua también se convierte en política

La escasez de agua ya no solo preocupa a ingenieros y ambientalistas.

También ocupa la agenda de cancilleres y presidentes.

Más de 280 cuencas hidrográficas son compartidas por dos o más países, lo que obliga a negociar permanentemente el uso de un recurso indispensable para millones de personas.

Uno de los casos más conocidos es el del río Nilo.

Etiopía, Egipto y Sudán mantienen desde hace años un delicado proceso de negociación alrededor de la Gran Presa del Renacimiento, una obra que Etiopía considera esencial para su desarrollo energético y que Egipto observa con preocupación por el posible impacto sobre el caudal del río del que depende gran parte de su población.

En el sur de Asia, India y Pakistán atraviesan una nueva etapa de tensión por el Tratado de las Aguas del Indo. Funcionarios pakistaníes han advertido contra la "politización del agua", mientras el acuerdo, considerado durante décadas un ejemplo de cooperación, enfrenta uno de sus momentos más delicados.

En Oriente Medio, los sistemas del Jordán y del Tigris-Éufrates también forman parte de complejas negociaciones donde el acceso al agua se entrelaza con disputas territoriales, seguridad y desarrollo económico.

Europa tampoco escapa de la escasez de agua

Durante décadas Europa se consideró un continente con abundancia de agua, pero hoy varios países enfrentan una crisis que hace apenas 20 años parecía impensable.

España es uno de los países europeos más afectados por la escasez de agua.

En regiones como Andalucía, Cataluña y Murcia, las sequías recurrentes han obligado a imponer restricciones al consumo doméstico, limitar el riego agrícola e invertir en plantas desalinizadoras para garantizar el abastecimiento.

Barcelona llegó a aplicar restricciones al uso del agua durante los años más críticos de la sequía, mientras agricultores redujeron cultivos por la falta de recursos hídricos.

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Italia: el río Po en mínimos históricos

El río Po, el más largo de Italia y fundamental para la agricultura y la industria del norte del país, ha registrado en varias ocasiones niveles históricamente bajos.

La disminución del caudal ha afectado la producción agrícola, el transporte fluvial y el suministro de agua para numerosas ciudades, convirtiéndose en uno de los símbolos de la crisis hídrica europea. Este verano la cuenca del Po vuelve a figurar entre las zonas más afectadas por la sequía.

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Foto: Baja nivel del río Po en Italia debido a la sequía.

Francia: restricciones y energía

Francia enfrenta un doble desafío. Por un lado, numerosas regiones han debido restringir el uso del agua para consumo agrícola y doméstico.

Por otro, la disminución del caudal de los ríos ha complicado el funcionamiento de algunas centrales nucleares, que necesitan grandes volúmenes de agua para sus sistemas de refrigeración.

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Foto: Miles de hogares se quedan sin electricidad en Francia por la ola d ecalor.

Alemania: el impacto económico

En Alemania, la preocupación no se limita al abastecimiento humano.

Los bajos niveles del río Rin han reducido la navegación comercial, obligando a los barcos a transportar menos carga y encareciendo el transporte de materias primas y productos industriales.

Un río con menos agua termina afectando la economía de todo un país.

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Foto: Río Rin en Alemania.

Reino Unido: el país de la lluvia... con restricciones

Quizá uno de los casos más llamativos sea el del Reino Unido. A pesar de su fama de país lluvioso, Inglaterra atraviesa una de las peores sequías de los últimos años.

Millones de personas están sujetas a restricciones en el uso del agua, mientras expertos advierten que el problema no es solo la falta de lluvia, sino también décadas de escasa inversión en nuevos embalses, el crecimiento de la demanda y las pérdidas en las redes de distribución.

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Un problema que ya no es exclusivo del Mediterráneo

Durante mucho tiempo se creyó que la escasez de agua era un problema casi exclusivo del sur de Europa.

Hoy la situación está cambiando.

Las altas temperaturas y la disminución de las precipitaciones han extendido el estrés hídrico hacia regiones del centro y norte del continente, obligando a gobiernos que nunca habían enfrentado este tipo de crisis a replantear su gestión del agua.

América Latina también enfrenta una creciente crisis hídrica

Aunque América Latina concentra cerca de un tercio de las reservas de agua dulce del planeta, la región vive una paradoja similar a la de Honduras: abundancia de recursos naturales, pero crecientes problemas para garantizar el abastecimiento de agua a millones de personas.

En los últimos años, varias de las principales ciudades latinoamericanas han enfrentado racionamientos, embalses en niveles críticos o amenazas de desabastecimiento.

En Montevideo, Uruguay, la peor sequía en más de siete décadas obligó en 2023 a mezclar agua dulce con agua salobre —agua con un contenido de sal superior al del agua dulce, pero inferior al del agua de mar— debido al agotamiento de las reservas que abastecen a la capital. La crisis llevó al gobierno a declarar una emergencia nacional y puso de relieve la vulnerabilidad incluso de países tradicionalmente considerados ricos en recursos hídricos.

En Ciudad de México, las autoridades han advertido repetidamente sobre la presión que enfrenta el sistema Cutzamala, uno de los principales abastecedores de agua de la capital mexicana. La combinación de sequías, crecimiento urbano y sobreexplotación de los acuíferos ha convertido la seguridad hídrica en uno de los mayores desafíos de la ciudad.

En Bogotá, Colombia, los bajos niveles de los embalses obligaron a implementar racionamientos de agua por sectores durante 2024, una medida inédita en décadas que afectó a millones de habitantes y evidenció la vulnerabilidad de las grandes ciudades frente a los cambios en los patrones de lluvia.

Brasil también ha sufrido los efectos de prolongadas sequías. En la Amazonía, el descenso histórico del nivel de los ríos dejó comunidades aisladas, afectó el transporte, el suministro de alimentos y el acceso al agua potable, mientras decenas de municipios declaraban la emergencia por falta de agua.

Y este año, Puerto Rico volvió a imponer racionamientos de agua para cientos de miles de personas debido a una sequía severa, agravada por infraestructura envejecida y embalses en descenso, demostrando que la combinación de cambio climático y falta de inversión puede desencadenar crisis incluso en territorios con alta pluviosidad.

Más allá de las diferencias entre países, los especialistas coinciden en un diagnóstico: el cambio climático está intensificando las sequías, pero el verdadero desafío también está en la planificación. El crecimiento urbano, la contaminación de las fuentes, las pérdidas en las redes de distribución y la falta de nuevas inversiones han convertido el acceso al agua en uno de los principales retos de desarrollo para América Latina.

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Foto: IA

El recurso del siglo XXI

Durante décadas se dijo que el petróleo definiría la economía mundial.

Hoy muchos analistas creen que el agua será uno de los recursos estratégicos del siglo XXI.

No solo porque resulta indispensable para beber.

También porque de ella dependen la producción de alimentos, la generación de energía, la industria, la salud pública y la estabilidad social.

Quizá por eso la verdadera pregunta es si el mundo está preparado para administrar un recurso que, además de ser esencial para la vida, se está convirtiendo en uno de los factores más decisivos para la política, la economía y la paz internacional.

 

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