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Economía

Reforma energética puede ser el motor para el desarrollo y la inversión nacional

Analizamos cómo la modernización del sector energético hondureño puede impulsar el desarrollo nacional y atraer inversión y fuentes de empleo.

Roberto Barragán
Roberto Barragán
1 de septiembre, 2026
6 min de lectura
Reforma energética puede ser el motor para el desarrollo y la inversión nacional

Analizamos cómo la modernización del sector energético hondureño puede impulsar el desarrollo nacional y atraer inversión y fuentes de empleo.

Foto: Emilio Flores DNH

Alguna vez, cuando intentamos encender un automóvil y llegar a nuestro destino, nos encontramos con la sorpresa de que encienden las luces, el radio, pero el motor no es capaz de arrancar porque la batería ya está vieja y no brinda la suficiente potencia.

 Esto representa la realidad del sector energético hondureño, que es antiguo, endeudado, obsoleto y no brinda la suficiente potencia para mover el motor del desarrollo nacional.

Pero la reciente reforma energética promete no solo mejorar poco a poco la crisis financiera de la empresa estatal de energía eléctrica, también convertir al sector energético en el motor que impulsará el desarrollo nacional.
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Foto: Empleados ENEE: Emilio Flores DNH

El último recibo de luz quedó convertido en un techo. La Ley de Justicia Energética estableció que, desde su entrada en vigor, la tarifa cobrada por la Empresa Nacional de Energía Eléctrica no aumentó durante seis meses y facultó al Poder Ejecutivo para ampliar esa protección por otro período igual. Su vigencia quedó sujeta a la publicación en el diario oficial La Gaceta.

La "Ley de Justicia" colocó el suministro confiable y competitivo en el centro de la estrategia productiva de Honduras. La reforma, aprobada por el Congreso Nacional el 31 de agosto, abrió las compras de potencia y energía a licitaciones públicas, subastas inversas y competencia entre tecnologías.

El cambio buscó ampliar la generación, reducir costos y evitar que una fábrica, una panadería o una finca detuviera su producción por falta de electricidad.
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Foto: Estación eléctrica ENEE: Emilio Flores DNH

El vínculo resultó directo: sin energía disponible, una inversión no encontró dónde conectarse; sin un suministro estable, una empresa no amplió su maquinaria, sus turnos ni sus puestos de trabajo.

El Consejo Nacional de Inversiones (CNI) estimó que el fortalecimiento del sistema eléctrico pudo destrabar hasta $2,000 millones en inversiones durante 2026. Su secretario ejecutivo, Epaminondas Marinakys, resumió la primera pregunta de los inversionistas: “El 99 % de las empresas con las que hablamos nos preguntan primero: ¿dónde me conecto?”.

Más energía para producir
La reforma ordenó que la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) iniciara el primer proceso de licitación dentro de 180 días y lo concluyera en un año. Los contratos tuvieron una duración mínima de 10 años y admitieron todas las tecnologías, incluidas fuentes hidroeléctricas, solares, eólicas, térmicas, gas y sistemas de almacenamiento.

Ese horizonte facilitó el financiamiento y la construcción de nuevas plantas. También abrió oportunidades de empleo directo en construcción, ingeniería, mantenimiento y operación, además de trabajo indirecto en transporte, metalmecánica, comercio, alimentación y servicios.
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Foto: Complejo industrial: Cortesía

La Comisión Reguladora de Energía Eléctrica (CREE) proyectó una demanda máxima de 2,212.45 megavatios para 2026 y de 2,969.34 megavatios para 2035, una expansión prevista de un 34.2 %. La cifra mostró la cantidad de energía que la industria, el comercio y los hogares necesitaron para sostener el crecimiento económico.

Competitividad desde el interruptor

La reforma apuntó a reducir la incertidumbre empresarial. Un servicio continuo evitó la paralización de líneas de producción, la pérdida de productos refrigerados y el uso frecuente de generadores privados. Un costo competitivo liberó recursos para maquinaria, inventarios y contratación de personal.


El presidente Nasry Asfura vinculó esa infraestructura con el bienestar de la población. “El desarrollo de nuestros países pasa por atraer inversión, fortalecer la infraestructura y generar oportunidades de empleo para nuestra gente”, "afirmó" 
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Foto: Desarrollo de infraestructura: Cortesía

Por su parte, la Agencia de Comercio y Desarrollo de Estados consideró que el nuevo marco facilitó inversiones en generación, transmisión y distribución. A la vez, la reforma mantuvo el 100 % de las acciones de las subsidiarias de la ENEE en propiedad del Estado.

La ley no creó empleos por el solo hecho de su aprobación; construyó el camino legal para que la inversión produjera energía y para que esa energía moviera fábricas, talleres, comercios y fincas. La medida de su resultado quedó en la vida diaria: más empresas conectadas, más horas de producción y más hondureños incorporados a un puesto de trabajo.
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Foto: Estación eléctrica ENEE: Emilio Flores DNH

La votación no encendió una nueva central ni borró de inmediato los apagones. Abrió una etapa de ejecución: reorganizó la empresa estatal, cambió la compra de energía y fijó plazos para atraer generación, inversión y competencia.


La necesidad apareció detrás de dos cifras oficiales. El Banco Central de Honduras registró que las pérdidas por transmisión y distribución alcanzaron 3,723.2 millones de kilovatios-hora en 2024, equivalentes al 30.3 % de la generación. 

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Foto: Estación eléctrica ENEE: Emilio Flores DNH

La Comisión Reguladora de Energía Eléctrica proyectó una demanda máxima de 2,212.45 megavatios en 2026 y de 2,969.34 megavatios en 2035. Honduras tuvo que producir más mientras redujo la energía que se perdió antes de llegar a una factura.
“Hoy estamos más comprometidos que nunca a trabajar, a salir adelante, a defender la empresa”, afirmó el presidente Nasry Asfura. La ley mantuvo a la ENEE como empresa pública y separó sus operaciones de generación, transmisión y distribución en subsidiarias cuya propiedad permaneció en manos del Estado.

Competencia con reloj en marcha

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Foto: Estación eléctrica ENEE: Emilio Flores DNH

“En 18 meses podríamos estar viendo la implementación de la transformación de la ENEE en los precios”, estimó Héctor Corrales, titular de la Comisión Reguladora de Energía Eléctrica.

La reforma también condonó, por una sola vez, la deuda acumulada de usuarios residenciales de bajos recursos con consumo promedio mensual de hasta 250 kilovatios-hora. La ENEE debió verificar el historial, inspeccionar gratuitamente el medidor y excluir cualquier servicio comercial, industrial o de servicios.

El texto además exoneró de impuestos los paneles, inversores y baterías de uso residencial y ordenó instalar medidores dentro de 30 días.

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Para una pulpería, un taller o una panadería, la meta gubernamental se tradujo en menos horas detenidas, menos producto perdido y mayor continuidad. Sin embargo, ese resultado quedó sujeto a generación disponible, redes modernizadas y pérdidas reducidas.

La ley no apagó el último racionamiento: encendió un reloj. Marcó 120 días para ordenar la nueva estructura, 180 para iniciar la licitación y unos 18 meses para comenzar a medir resultados. Al final, la prueba permaneció en dos escenas cotidianas: que la luz no se fuera y que pagarla pesara menos.

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Roberto Barragán

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