¿Se puede “hacer llover”? Cómo funciona la técnica para intentar aumentar las lluvias
Ante una sequía que mantiene en emergencia a 75 municipios, el Gobierno analiza intervenir las nubes para hacer llover y mitigar la escasez de agua.

Ante una sequía que mantiene en emergencia a 75 municipios, el Gobierno analiza intervenir las nubes para hacer llover y mitigar la escasez de agua.
Foto: Generada con IA
La Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) mantiene conversaciones con una empresa mexicana especializada en la llamada “siembra de nubes”, una técnica que utiliza sustancias como el yoduro de plata para intentar favorecer la precipitación cuando existen las condiciones atmosféricas adecuadas.
La propuesta todavía se encuentra en evaluación y no existe una decisión definitiva sobre su aplicación. Tampoco se han informado públicamente el nombre de la empresa, el costo final, el número de vuelos que serían necesarios o una fecha de inicio.
Pero el planteamiento abre una pregunta inevitable:
¿Realmente es posible provocar lluvia?
No se crean nubes: se intenta aprovechar las que ya existen
A pesar de que popularmente se habla de “bombardear” nubes, la tecnología no permite producir lluvia en un cielo completamente despejado.
La siembra de nubes requiere que ya existan formaciones nubosas con determinadas condiciones de humedad y temperatura.
Una de las técnicas consiste en dispersar partículas de yoduro de plata dentro de las nubes. Estas pueden favorecer la formación y crecimiento de cristales de hielo alrededor de los cuales se acumula agua. Bajo condiciones apropiadas, esas partículas aumentan de tamaño y pueden terminar cayendo en forma de precipitación.
Por eso, más que “crear” lluvia, el procedimiento intenta estimular o aumentar una precipitación que potencialmente podría producirse.
Y allí aparece también una de sus principales limitaciones: si no existen nubes adecuadas, hay poco que sembrar.

Del Corredor Seco a Tegucigalpa
El secretario de Agricultura y Ganadería, Moisés Molina, ha señalado que una eventual intervención podría abarcar un amplio cuadrante que incluiría zonas del Corredor Seco, Tegucigalpa y el Alto Aguán, regiones afectadas de distintas maneras por la reducción de las precipitaciones.
La intención sería estimular las lluvias durante los próximos meses, aunque el propio funcionario ha reconocido que el procedimiento no puede garantizar que vaya a llover.
Molina ha planteado como referencia la posibilidad de incrementar las precipitaciones hasta en alrededor de un 20%, una estimación que dependería de las condiciones meteorológicas y de la evaluación técnica que todavía debe realizarse.
La SAG ha iniciado conversaciones con especialistas mexicanos para conocer la experiencia acumulada en ese país y determinar si la tecnología podría aplicarse en Honduras.
¿Funciona realmente?
Aquí comienza la parte más compleja.
La siembra de nubes no es una tecnología nueva. Experimentos de modificación artificial del clima se realizan desde mediados del siglo XX y diferentes variantes han sido utilizadas en países como Estados Unidos, México, China y Chile.
Pero determinar exactamente cuánto aumentó la lluvia debido a la intervención continúa siendo difícil.
Entre otras razones, porque una nube intervenida podría haber producido lluvia naturalmente.
La efectividad depende además de numerosas variables: cantidad de humedad presente, temperatura, tipo de nube, viento y otras condiciones atmosféricas.
Expertos citados en Honduras han advertido también que antes de aplicar el procedimiento sería necesario realizar un diagnóstico técnico que determine si las nubes presentes en las zonas seleccionadas reúnen las condiciones necesarias.
Existe además una aparente paradoja: precisamente durante una sequía puede haber menos nubes adecuadas para realizar este tipo de intervención.

Una sequía que afecta buena parte del país
La posibilidad de recurrir a la siembra de nubes surge en medio de una emergencia mucho más amplia.
El Gobierno declaró estado de emergencia por sequía meteorológica en 75 municipios de Choluteca, Comayagua, El Paraíso, Francisco Morazán, La Paz y Valle mediante el decreto PCM-016-2026.
Además, 88 municipios fueron colocados en alerta verde y otros 71 en alerta amarilla, por lo que 234 de los 298 municipios hondureños se encuentran bajo algún nivel de alerta relacionado con los efectos de la sequía y El Niño, según información oficial.
El impacto no se limita a la agricultura.
La reducción de las precipitaciones afecta cultivos y ganado, pero también las fuentes de abastecimiento de agua para las ciudades, incluida Tegucigalpa.
Pozos, reservorios y sistemas de riego
La eventual siembra de nubes sería solamente una de las medidas consideradas para enfrentar la crisis.
La SAG reporta una inversión de L180 millones para perforación de pozos, bombas solares y sistemas de riego por goteo, además de la construcción de reservorios con geomembrana y programas de asistencia a productores.
El Gobierno también plantea una estrategia de más largo plazo: invertir alrededor de US$40 millones anuales durante diez años para incorporar unas 60.000 hectáreas adicionales bajo sistemas de riego y reducir la dependencia de la producción agrícola respecto de las lluvias.
Naciones Unidas anunció además una nueva cooperación de aproximadamente US$20 millones para atender la emergencia, llevando a US$86 millones los recursos que, según el organismo, ha movilizado frente a la sequía.

¿Una solución o solamente una ayuda?
Incluso si Honduras decide sembrar nubes y el procedimiento consigue aumentar las precipitaciones, difícilmente podría considerarse una solución estructural al problema del agua.
La tecnología depende de condiciones atmosféricas que el ser humano no controla y sus resultados pueden variar considerablemente.
Por ello, la siembra de nubes suele plantearse como una herramienta complementaria, mientras las soluciones de largo plazo pasan por almacenamiento de agua, protección de cuencas, sistemas de riego, nuevas fuentes de abastecimiento y una gestión más eficiente del recurso.
Por ahora, Honduras está todavía en la etapa de evaluar si vale la pena intentarlo.
Y quizás esa sea la mejor manera de explicar lo que realmente significa “sembrar nubes”: el Gobierno no está estudiando cómo fabricar lluvia donde no existe, sino si puede aprovechar mejor las nubes que ya están sobre el país para conseguir que dejen caer un poco más de agua.





