Sequía golpea a Centroamérica y amenaza cultivos, agua y alimentos
Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá enfrentan déficit de lluvias que amenaza cultivos, agua, ganadería y energía.


Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá enfrentan déficit de lluvias que amenaza cultivos, agua, ganadería y energía.
La falta de lluvias asociada al fortalecimiento del fenómeno El Niño mantiene en alerta a varios países de Centroamérica, donde el déficit hídrico ya afecta cultivos, fuentes de agua y la seguridad alimentaria, mientras las autoridades enfrentan escenarios que podrían prolongarse hasta 2027.
El impacto es desigual, pero el panorama regional muestra una tendencia común: menos precipitaciones, temperaturas más altas y períodos secos más prolongados.
En Guatemala la reducción de las lluvias ya se refleja en los caudales de los ríos
En Guatemala, la primera temporada lluviosa de 2026 dejó un déficit de 33% respecto al promedio histórico, según datos del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh). La reducción de las lluvias ya se refleja en los caudales de los ríos, que han disminuido entre 30% y 35% en las tres vertientes del país.
La situación también afecta la seguridad alimentaria. Alrededor de 3.2 millones de guatemaltecos enfrentan inseguridad alimentaria aguda entre julio y septiembre de 2026, de acuerdo con datos citados por Infobae. Las autoridades advierten además que El Niño podría alcanzar una intensidad muy fuerte entre septiembre y noviembre.

El Salvador teme escasez de frijol
En El Salvador, el impacto sobre la agricultura genera preocupación por el abastecimiento de granos básicos. El sector productivo estima que están en riesgo 6.9 millones de quintales de maíz, frijol y sorgo si se pierde la siembra postrera.
La siembra postrera representa aproximadamente el 75% de la producción nacional de frijol, el 100% del sorgo y el 20% del maíz. Una pérdida total podría dejar un déficit de más de 450,000 quintales de frijol, con posibles repercusiones en los mercados a partir de noviembre.
El Gobierno salvadoreño declaró el 25 de agosto una alerta roja por sequía meteorológica y agrícola en todo el territorio nacional, mientras los productores reportan que las lluvias no han sido suficientes para garantizar la germinación de las semillas en varias zonas del oriente.
Costa Rica enfrenta sequía y temperaturas más altas
En Costa Rica, el Instituto Meteorológico Nacional prevé que El Niño alcance una intensidad “muy fuerte” durante septiembre y noviembre.
La sequía meteorológica ya se extiende por toda la vertiente del Pacífico, el Valle Central y la Zona Norte Occidental. Para septiembre-noviembre se pronostica un déficit de lluvias cercano al 60% en el Pacífico Norte, 50% en el Valle Central y 40% en la Zona Norte Occidental.
El escenario también incluye temperaturas entre 1.5 y 2 grados Celsius por encima del promedio en varias regiones. El IMN ha advertido que la prolongación de la canícula está contribuyendo a mantener las condiciones secas.

Panamá declara emergencia nacional
En Panamá, el Gobierno declaró el 25 de agosto un estado de emergencia nacional debido a los efectos de El Niño, ante un escenario que combina lluvias extremas en algunas zonas y déficit de precipitaciones en otras.
El Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá reporta que 11 cuencas hidrográficas se encuentran en situación de estrés hídrico y advierte sobre posibles descensos en los niveles de lagos y embalses, incluido Bayano.
La falta de agua también representa una amenaza para la generación hidroeléctrica y para las operaciones del Canal de Panamá, debido a la reducción de los niveles de agua necesarios para garantizar el tránsito de buques.
La administración del Canal ya anunció restricciones a 32 tránsitos diarios, frente a un promedio habitual de 36, además de mantener vigente la reducción del calado de los barcos.

Honduras también enfrenta el impacto
En Honduras, la sequía afecta principalmente a municipios ubicados en el sur y el Corredor Seco. Más de 590,000 familias se encuentran entre las afectadas por la falta de lluvias, de acuerdo con información del Diario Nacional de Honduras.
La situación ha obligado a mantener vigilancia sobre los cultivos, las fuentes de agua y las condiciones de las comunidades rurales. El déficit de precipitaciones aumenta el riesgo para la producción de granos básicos y el abastecimiento de agua para las familias y el ganado.

Nicaragua mantiene una posición diferente
En Nicaragua, las autoridades no han declarado una emergencia por El Niño y tampoco han anunciado un plan de contingencia específico para el sector agrícola.
El Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales sostiene que los déficits de lluvia registrados hasta ahora no son severos y espera una recuperación de las precipitaciones durante septiembre y octubre. Sin embargo, la falta de medidas específicas genera preocupación por posibles pérdidas agrícolas, especialmente en zonas del Pacífico y Centro-Norte.
De acuerdo con el reporte, tampoco se han anunciado fondos de ayuda o asistencia técnica específica para productores afectados por la sequía.
Una amenaza que trasciende la agricultura
La evolución de El Niño convierte la sequía en un problema que va más allá de las pérdidas en el campo. La disminución de las lluvias puede reducir los caudales de ríos, afectar los sistemas de agua potable, limitar la generación hidroeléctrica y aumentar la presión sobre los precios de los alimentos.
En las zonas rurales, una reducción prolongada de las cosechas también puede profundizar la inseguridad alimentaria y obligar a las familias que dependen de la agricultura a buscar otras fuentes de ingresos.
Los pronósticos de varios países apuntan a que las condiciones secas podrían continuar durante los últimos meses de 2026 y extender sus efectos hasta los primeros meses de 2027.
El escenario plantea a los gobiernos centroamericanos el desafío de anticipar las pérdidas y garantizar agua y alimentos, mediante sistemas de alerta temprana, apoyo a los productores, infraestructura para almacenar agua y coordinación regional ante un fenómeno climático cuya intensidad todavía puede aumentar.
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