Trump va contra el “turismo de parto”: ¿podrán hondureñas dar a luz en EE.UU.?
Tener un hijo en EE.UU. ha sido común entre algunas familias hondureñas, pero nuevas medidas podrían endurecer los controles a embarazadas.

Tener un hijo en EE.UU. ha sido común entre algunas familias hondureñas, pero nuevas medidas podrían endurecer los controles a embarazadas.
Foto: Generada con IA
Estados Unidos ha decidido cerrar aún más el cerco contra una práctica conocida desde hace años entre familias de distintos países, incluida Honduras: viajar con una visa temporal, dar a luz en territorio estadounidense y regresar a casa con un hijo ciudadano de Estados Unidos.
El presidente Donald Trump firmó el 6 de agosto una orden ejecutiva específicamente dirigida a combatir el llamado birth tourism o "turismo de parto", al considerar que la ciudadanía estadounidense no debe obtenerse mediante el uso de una visa temporal cuyo verdadero propósito sea dar a luz en el país. La medida ordena reforzar los controles migratorios y perseguir también a empresas e intermediarios que organizan este tipo de viajes.
La ofensiva ya comenzó a trasladarse a la práctica. El Departamento de Estado informó esta semana que inició una revisión destinada a detectar a titulares de visas que pudieran estar utilizando su ingreso al país exclusivamente para tener un hijo estadounidense.
La decisión toca directamente una práctica que tampoco es desconocida en Honduras: mujeres que viajan durante el embarazo, pagan privadamente los gastos médicos y tienen a sus hijos en Estados Unidos.
La nueva política abre varias preguntas.
¿Significa que una hondureña embarazada ya no puede viajar a Estados Unidos? ¿Puede perder su visa? ¿Qué ocurre si el parto sucede inesperadamente durante un viaje? ¿Sigue obteniendo la ciudadanía estadounidense el niño que nace allí? ¿Y qué gana realmente una familia hondureña al tener un hijo estadounidense?
Las respuestas son más complejas de lo que parece.
Trump vuelve a la carga después de perder en la Corte Suprema
La nueva ofensiva tiene un antecedente fundamental.
Trump había intentado restringir ampliamente la ciudadanía por nacimiento para niños cuyos padres no fueran ciudadanos estadounidenses o residentes permanentes. Pero el 30 de junio la Corte Suprema rechazó esa iniciativa y reafirmó la protección de la ciudadanía por nacimiento para prácticamente todos los nacidos en territorio estadounidense.
El presidente, sin embargo, no abandonó el tema.
El 6 de agosto firmó dos nuevas órdenes ejecutivas. Una aborda determinadas excepciones a la ciudadanía por nacimiento y la otra se dirige específicamente contra el turismo de parto.
La estrategia ahora es diferente: si resulta jurídicamente muy difícil impedir que un niño nacido en Estados Unidos obtenga la ciudadanía, el gobierno puede intentar impedir que su madre ingrese al país cuando considere que obtener esa ciudadanía es precisamente el objetivo del viaje.
Y ahí es donde la nueva política puede comenzar a afectar directamente a viajeros hondureños.
Viajar a Estados Unidos durante los últimos meses del embarazo, dar a luz en un hospital estadounidense y regresar después a Honduras con un hijo ciudadano de ese país es una práctica conocida entre algunas familias hondureñas.
Pero hacerlo podría ser cada vez más difícil.
La medida no significa que Estados Unidos haya prohibido la entrada de todas las mujeres embarazadas.
Tampoco significa, por ahora, que todo niño nacido en Estados Unidos haya dejado de adquirir automáticamente la ciudadanía.
Lo que cambia es el nivel de escrutinio que puede enfrentar una extranjera cuando las autoridades sospechen que el verdadero propósito de su viaje es dar a luz.

Una restricción que en realidad comenzó en 2020
El turismo de parto no acaba de ser prohibido.
Desde enero de 2020, el Departamento de Estado estableció que una visa de visitante tipo B no puede ser concedida cuando un funcionario consular tenga razones para considerar que el propósito principal del viaje es dar a luz en Estados Unidos para obtener la ciudadanía estadounidense para el bebé.
La política continúa vigente.
Ahora la administración Trump busca reforzarla y combatir también la industria que facilita estos viajes.
¿Qué significa para una hondureña embarazada?
Estar embarazada no constituye por sí mismo una causa automática para impedir la entrada a Estados Unidos.
Una mujer puede viajar por turismo, visitar familiares, asistir a una actividad profesional o hacerlo por razones médicas legítimas.
Pero si se encuentra en una etapa avanzada del embarazo, las autoridades migratorias pueden hacer preguntas adicionales.
Entre otras cosas, pueden interesarse por la fecha prevista del parto, cuánto tiempo permanecerá en Estados Unidos, dónde se hospedará, si cuenta con seguro médico o recursos suficientes para cubrir una eventual atención hospitalaria y cuándo piensa regresar a Honduras.
Incluso tener una visa vigente no garantiza la entrada: la decisión final corresponde al funcionario de inmigración en el puerto de entrada.
¿Y si realmente necesita dar a luz en Estados Unidos por razones médicas?
Ese es un escenario diferente.
Las visas de visitante permiten viajar para recibir determinados tratamientos médicos.
Pero la persona debe poder demostrar la necesidad del tratamiento y, particularmente, cómo cubrirá los gastos.
El problema no es, por tanto, "dar a luz en Estados Unidos" en sí mismo.
El elemento fundamental es para qué se realizó el viaje y qué se declaró ante las autoridades migratorias.
El riesgo de ocultar el verdadero propósito
Aquí aparece una de las consecuencias más importantes.
Presentarse como turista cuando el viaje fue organizado específicamente para dar a luz puede generar problemas migratorios.
Ocultar información relevante o realizar declaraciones falsas ante las autoridades estadounidenses puede afectar no solamente ese viaje, sino también la posibilidad de conservar u obtener una visa en el futuro.
Por eso las nuevas medidas podrían tener un impacto particular entre familias que durante años han considerado viajar para el nacimiento de sus hijos como una decisión privada y familiar.
Para Estados Unidos, en cambio, cuando el objetivo principal es obtener ciudadanía estadounidense para el recién nacido, se trata de un asunto migratorio.

¿El niño sigue siendo estadounidense?
Este es probablemente el punto que genera mayor confusión.
La batalla contra el turismo de parto está estrechamente relacionada con otra discusión mucho más grande: la ciudadanía por nacimiento.
La Enmienda 14 de la Constitución estadounidense ha sido interpretada durante más de un siglo como garantía de ciudadanía para la gran mayoría de las personas nacidas en territorio estadounidense.
Trump ha intentado restringir esa interpretación y su gobierno acaba de impulsar nuevas medidas después de enfrentar obstáculos judiciales.
Por eso conviene separar ambos asuntos.
Una cosa es que Estados Unidos intente impedir que una persona entre al país con el propósito de dar a luz.
Otra, jurídicamente mucho más compleja, es determinar qué ocurre con la ciudadanía de un niño que efectivamente nace allí.
¿Por qué importa en Honduras?
Porque el turismo de parto no es una discusión completamente ajena al país.
Durante años, algunas familias hondureñas con capacidad económica han viajado a Estados Unidos durante el embarazo y han asumido privadamente los costos hospitalarios con la intención de que sus hijos nazcan allí.
No existen estadísticas oficiales que permitan determinar cuántos hondureños nacen anualmente bajo estas circunstancias, por lo que resulta imposible establecer la verdadera dimensión del fenómeno en Honduras.
Estados Unidos tampoco dispone de una cifra oficial precisa sobre cuántos nacimientos anuales corresponden específicamente al turismo de parto.
Eso obliga a tener cuidado con las estimaciones.
Una decisión familiar que se convierte en asunto migratorio
Durante mucho tiempo, algunas familias pudieron considerar el lugar de nacimiento de sus hijos como parte de una estrategia familiar de largo plazo: educación, oportunidades profesionales, movilidad internacional o simplemente la posibilidad de contar con dos nacionalidades.
Pero Estados Unidos está enviando una señal diferente.
Para las autoridades estadounidenses, viajar con una visa de turista con el propósito principal de obtener ciudadanía para un recién nacido constituye un uso indebido de esa categoría migratoria.
Por eso, para las hondureñas que estén embarazadas y tengan previsto viajar a Estados Unidos, la diferencia fundamental estará cada vez más en poder demostrar algo muy sencillo: que el propósito declarado del viaje coincide con el propósito real.
El Departamento de Estado confirma que el birth tourism no es un propósito permitido para una visa de visitante, mientras CBP aclara que el embarazo en sí no impide entrar a Estados Unidos.
¿Qué gana realmente una familia hondureña teniendo un hijo estadounidense?
Detrás del llamado "turismo de parto" existe una pregunta que ayuda a entender por qué algunas familias están dispuestas a asumir los costos de viajar y dar a luz en Estados Unidos: ¿qué beneficios obtiene realmente un niño por nacer allí?
Con pocas excepciones, una persona nacida en Estados Unidos adquiere la ciudadanía estadounidense al nacer. Esa condición le permite obtener un pasaporte estadounidense y, a lo largo de su vida, vivir, estudiar y trabajar en Estados Unidos sin necesitar una visa o permiso migratorio.
Para algunas familias hondureñas, ese es precisamente el atractivo: no necesariamente trasladarse inmediatamente a Estados Unidos, sino darle al hijo una opción para el futuro.
Un niño puede crecer y estudiar en Honduras y conservar su condición de ciudadano estadounidense, lo que posteriormente le permitiría establecerse en Estados Unidos si así lo decide.
Pero existe una confusión importante.
Un hijo estadounidense no "arregla" inmediatamente a sus padres
El nacimiento de un hijo ciudadano estadounidense no otorga automáticamente residencia legal, permiso de trabajo ni ciudadanía a sus padres.
Para que un ciudadano estadounidense pueda solicitar la residencia permanente para su padre o madre debe haber cumplido 21 años.
Y aun entonces no significa que la residencia sea automática: los padres deben cumplir los demás requisitos establecidos por las leyes migratorias estadounidenses.
Eso significa que una pareja hondureña que tenga un hijo en Estados Unidos no obtiene, por ese hecho, el derecho de quedarse a vivir legalmente en el país.
El beneficio migratorio inmediato pertenece fundamentalmente al niño.
Una especie de "seguro" para el futuro
Para algunas familias, la decisión puede verse como una inversión de largo plazo.
El niño tendrá la posibilidad de vivir en Estados Unidos sin depender de una visa, estudiar allí, incorporarse al mercado laboral y obtener un pasaporte estadounidense.
Y cuando alcance los 21 años podría, bajo las reglas migratorias correspondientes, solicitar a sus padres como familiares inmediatos.
Precisamente por eso Estados Unidos considera problemático el turismo de parto cuando el objetivo principal del viaje con visa de visitante es obtener para el bebé las ventajas derivadas de la ciudadanía estadounidense.
La discusión, entonces, va mucho más allá de dónde nace un niño.
Para algunas familias hondureñas, tener un hijo estadounidense significa abrirle una puerta que podrá utilizar durante toda su vida.
Para el gobierno estadounidense, cuando esa ciudadanía constituye el propósito principal del viaje, se trata de un uso de la visa de turista que las autoridades buscan impedir.





