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Cultura

Los tres puentes más antiguos que unen a las ciudades gemelas de Honduras

Conoce la historia del Mallol, Carías y Soberanía Nacional, los tres puentes que durante más de dos siglos han unido Tegucigalpa y Comayagüela.

Daniela Coello
Daniela Coello
26 de agosto, 2026
7 min de lectura
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Foto: Emilio Flores/DNH.

Mucho antes de que el tráfico llenara las calles de la capital, el río Choluteca ya marcaba la distancia entre dos ciudades que parecía que estaban destinadas a vivir seáradas: Tegucigalpa y Comayagüela. 

Sin embargo, sobre sus aguas fueron apareciendo tres puentes que lograron lo inesperado para aquella época: unir los lazos de fraternidad de las ciudades gemelas. Con el paso de las generaciones, estos puentes terminaron convirtiéndose en parte de la memoria y el corazón de estas ciudades que juntas forman el Distrito Central.

A pocos pasos del Parque Central, Tegucigalpa parece no tener tiempo para detenerse; los peatones van y vienen, los vendedores ofrecen sus productos y los vehículos se abren paso entre las calles del centro. Pero basta mirar hacia el río Choluteca para encontrar otra historia: una que permanece quieta mientras todo alrededor continúa cambiando. 

Allí, donde una ciudad mira hacia la otra orilla, comienza esta historia. Allí están tres de los puentes más antiguos que todavía forman parte de ese lazo de amor que parece no terminar nunca: 

  1. El Mallol, 
  2. El 12 de julio, conocido popularmente como Carías.
  3. El Soberanía Nacional.

No llegaron al mismo tiempo ni encontraron la misma ciudad; el primero nació cuando todavía gobernaba España; el segundo apareció más de un siglo después, cuando la capital comenzaba a extenderse; y el tercero llegó cuando el crecimiento urbano reclamaba nuevas rutas. Cada uno pertenece a una época distinta, pero los tres quedaron unidos por la misma tarea, por el mismo amor: acercar dos ciudades separadas por un río.

El Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) reconoce siete puentes de la capital dentro de su inventario de bienes con valor histórico, entre ellos precisamente el Mallol, el 12 de Julio o Carías y el Soberanía Nacional. Para el instituto, estas estructuras no son únicamente vías de paso: también constituyen testimonios del crecimiento urbano y del desarrollo de las comunicaciones terrestres de Tegucigalpa.

Puente Mallol: las piedras que unieron dos ciudades

Antes de que Tegucigalpa y Comayagüela quedaran comunicadas por grandes avenidas, el río Choluteca marcaba una distancia que había que vencer.

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Puente Mallol construido entre 1818 y 1822. Foto: Emilio Flores/DNH.

De esa necesidad nació el puente Mallol, el más antiguo de los tres y una de las obras civiles más importantes de la época colonial. 

Los registros históricos sitúan su construcción entre 1818 y 1822, impulsada por Narciso Mallol, último alcalde español de Tegucigalpa.

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En este puente diariamente transitan sientos de vehiculos, y a su costado vendedores se alistan para empezar un nuevo día. Foto: Emilio Flores/DNH.

Mallol murió en 1821, antes de contemplar terminada la obra, pero su apellido quedó ligado para siempre a aquellas piedras.

El puente alcanzó unos 100 metros de longitud y 13 de ancho, una dimensión monumental para su época. Más que una obra de infraestructura, significó la posibilidad de mantener comunicadas de manera permanente a Tegucigalpa y Comayagüela.

Puente Mallol después de la reparación de 1911. Fuente: “Obras Públicas y Agricultura:
Puente Mallol después de la reparación de 1911. Fuente: “Obras Públicas y Agricultura:


Pero el río nunca dejó de reclamar su espacio. En 1906, una fuerte crecida del Choluteca destruyó varios de sus arcos y obligó a reconstruir parte de la estructura. El Mallol volvió a levantarse y continuó acompañando el crecimiento de la capital.

Más de un siglo después, quienes han vivido ese crecimiento todavía conservan imágenes de aquella ciudad. Juan Antonio Lanza Rodríguez, quien vive en Tegucigalpa desde 1962 y comenzó a trabajar en el centro un año después, recuerda una capital mucho más pequeña.

“La capital era bien pequeña”, dijo Antonio meintras miraba un edificio.

Y al intentar explicar cuánto cambió, recurre a una imagen sencilla: “Antes, por ejemplo, de Palmira para allá era un montarral. Y aquí de Guadalupe para allá era un gran montarral”.

El Mallol estuvo allí durante buena parte de esa transformación, viendo cómo aquellos espacios fueron convirtiéndose en calles, barrios y avenidas.

Puente Carías: el segundo camino sobre el Choluteca

Pero la ciudad siguió creciendo y el Mallol comenzó a cargar con una tarea cada vez mayor; hacía falta otro camino. 

Fue así como apareció el puente 12 de Julio, conocido popularmente como puente Carías por haber sido construido durante el gobierno del general Tiburcio Carías Andino.

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La obra Carías fue hecha con una estructura de hormigón. Foto: Emilio Flores/DNH.

Los trabajos comenzaron en la década de 1930 y la estructura fue inaugurada el 12 de julio de 1938. Su llegada permitió descongestionar el paso por el Mallol y establecer una nueva unión que fortaleció la conexión entre Tegucigalpa y Comayagüela.

Con el nuevo puente también cambió el paisaje alrededor del río; los años siguientes, sus alrededores se convirtieron en espacios de encuentro y hasta de deporte. 

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La estructura del puente Carías resalta por su formas de arcos, que engalanan la ciudad. Foto: Emilio Flores/DNH.

Juan Arévalo, vendedor que lleva alrededor de 60 años trabajando en el centro y nació en Tegucigalpa, todavía recuerda cuando aquellos sectores tenían otra vida; cuando se le pregunta por los espacios donde alguna vez entrenaron los equipos capitalinos, responde sin dudar:

“Sí, ahí practicaba Motagua y Olimpia”, aseguro.

Para Arévalo, el puente Soberanía también forma parte de esos recuerdos de juventud y de una capital que entonces tenía otra cara.

En las imágenes se puede apreciar en sus accesos las cuatro torres ornamentales, que hoy día están casi ocultas por la actividad comercial
En las imágenes se puede apreciar en sus accesos las cuatro torres ornamentales, que hoy día están casi ocultas por la actividad comercial · Foto: Cortesía.


Puente Soberanía Nacional: el puente de una nueva época

Cuando llegó 1970, Tegucigalpa y Comayagüela ya habían cambiado considerablemente.

Había más habitantes, más vehículos y nuevas necesidades de movilidad; entonces apareció otro protagonista sobre el Choluteca: el puente Soberanía Nacional.

La estructura fue construida e inaugurada en 1970, durante la administración del general Oswaldo López Arellano y la gestión municipal de José “Cheché” Ramírez Soto.

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Se bautizó como "Soberanía Nacional" para recordar la defensa del territorio durante la llamada Guerra del Fútbol. Foto: Emilio Flores/DNH.

Su nombre quedó ligado a otro episodio de la historia nacional: el conflicto armado entre Honduras y El Salvador de 1969, conocido como la "Guerra de las 100 Horas" o la "Guerra de fútbol".

Construido en 1970, durante el gobierno de Oswaldo López Arellano y la alcaldía de José “Cheché” Ramírez Soto
Construido en 1970, durante el gobierno de Oswaldo López Arellano y la alcaldía de José “Cheché” Ramírez Soto  .Foto:Cortesía

Para entonces, el Mallol llevaba más de 150 años y el Carías más de tres décadas conectando ambas ciudades. El Soberanía llegó para responder a una capital que necesitaba ampliar nuevamente sus rutas.

Y quienes trabajaban en el centro recuerdan cómo esa zona también formaba parte de la vida comercial de la época.

Arévalo lo recuerda así:

“A través del puente Soberanía nosotros despachamos la mercadería para allá”.

Su recuerdo no se limita al puente; también alcanza los espacios que lo rodeaban y que hoy lucen completamente distintos.


Tres puentes, tres épocas de una misma ciudad


El Mallol, construido entre 1818 y 1822; el Carías, inaugurado en 1938; y el Soberanía Nacional, levantado en 1970, pertenecen a tres momentos completamente distintos de Tegucigalpa y Comayagüela.

El primero nació cuando cruzar el río era una necesidad para conectar dos poblaciones; el segundo apareció cuando la ciudad empezó a crecer y un solo puente ya no bastaba; el tercero llegó cuando el aumento de habitantes y vehículos exigió una nueva conexión, pero los tres terminaron haciendo mucho más que eso.


Lanza, que comenzó a trabajar en el centro en 1963, recuerda incluso cómo eran los alrededores cuando todavía había grandes extensiones sin urbanizar, Arévalo, por su parte, guarda recuerdos de los espacios deportivos y comerciales que rodeaban estos pasos.

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Actualmente estos tres puentes mantienen unidas dos ciudades. Foto: Emilio Flores/DNH.

Son voces distintas, pero juntas ayudan a reconstruir una ciudad que ya no existe de la misma manera; hoy, atravesar el río Choluteca puede parecer un acto cotidiano. Unos minutos bastan para pasar de una ciudad a la otra.

Sin embargo, debajo de cada vehículo y de cada peatón permanece una historia mucho más antigua; los tres, juntos, cuentan algo todavía más grande: la historia de Tegucigalpa y Comayagüela vista desde los caminos que durante generaciones permitieron que una ciudad encontrara a la otra al cruzar el río.


Por eso, cuando un capitalino cruza alguno de ellos, quizá solo piensa en llegar al otro lado. Pero bajo sus pasos hay algo más que piedra, concreto o acero; se cruza una historia que comenzó hace más de dos siglos y que todavía sigue viva.

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